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La madre personal, la Gran Madre y el Planeta Tierra


"Antes fue una luz
en mi lenguaje nacido
a pocos pasos del amor.

Noche abierta. Noche presencia".
 
Alejandra Pizarnik.


    La madre personal, la Gran Madre y el Planeta Tierra.

    ¿Qué sentido proyecto guardabas tú, madre, en aquellos confines en donde el retoño ya empezaba a ser gestado antes de concebirse? 

    La diferencia entre madre y mujer, acentuar la existencia de esa distinción, será un posibilitador, un eje por el cual sostenerse en pie, en andas sobre el presente escrito. 

    "Si la madre puede sentirse satisfecha por tener sus propios hijos, la mujer señala esa parte del deseo de la madre que queda con razón insatisfecho. El hecho de que en la madre aparezca la mujer es la salvación tanto para el niño como para la propia madre. Cuando la madre cede a la ira y a la inquietud es, muy a menudo, porque la mujer rechaza su sacrificio planteando demandas irreductibles a la de la maternidad". Massimo Recalcati en esta cita, pone de relieve que, en el "ser femenino" -si vale la expresión- la mujer no es reductible a la madre, en el clásico ejemplo "vos sos todo para mí" habla una madre total, se abre un abismo en el cual perderse la mujer y cohartar el porvenir deseo del retoño son, consecuencias claras. Y para continuar voy a rescatar de la misma cita, una palabra clave: sacrificio.

    Erich Fromm plantea que el amor materno, es una afirmación incondicional de la vida del niño y sus necesidades: "La afirmación de la vida del niño presenta dos aspectos: uno es el cuidado y la responsabilidad absolutamente necesarios para la conservación de la vida del niño y su crecimiento. El otro aspecto va más allá de la mera conservación. Es la actitud que inculca en el niño el amor a la vida,  que crea en él el sentimiento: ¡es bueno estar vivo, es bueno ser una criatura, es bueno estar sobre esta tierra!". No sólo la madre brinda aquella contención -con todo el valor que se le pueda dar a esa palabra- necesaria para la vida, sino también debería poder dar la confianza necesaria para que ese habitar sostenido sea amigable, la vida sea considerada algo amable. Y aquí va a residir no la excepción sino más bien la problemática de que la vida muchas veces resulta penosa, y presenta obstáculos dificiles de sortear incluso algunos percibidos como imposible de superarse. 

    "La libido que domina la conciencia del hijo, ávida de progreso, exige tal separación de la madre; mas a ello se opone el anhelo del hijo por la madre bajo la forma de una resistencia psiquica que, segun la experiencia, se expresa en la neurosis en toda suerte de angustias, es decir, en miedo a la vida. Cuanto menos se adapta el hombre a la realidad, tanto mayor se torna su ansiedad, que entonces se le interpone por doquier en su camino creandole cada vez obstaculos mas difíciles. Y, naturalmente, el miedo al mundo y a los hombres provoca un circulo vicioso, esto es, una mayor huida que conduce de nuevo al infantilismo y "a la madre". La razón de ello se proyecta por lo general hacia fuera, a las circunstancias exteriores, o se echa la culpa a los progenitores. Queda por investigar el hecho de que cantidad de esa culpa corresponde a la madre en el caso de un hijo a quien ella no quiere dejar en libertad. Bien es verdad que el hijo tratará de justificarse invocando la erronea conducta materna, pero sera mejor que renuncie a esos intentos inapropiados de disimular su propia incapacidad acusando a la madre (o al padre)" (Jung).

    Siguiendo el camino trazado por Carl Gustav Jung, se puede tomar distancia de la mera acepción de la madre personal, y considerar lo que llamó arquetipo proyectado sobre la madre, es decir, una imago impersonal como todo arquetipo -perteneciente al "patrimonio inalienable de toda psique"-. Lo que interesa poner de relieve con estas ideas es que, el complejo materno está constituido por el arquetipo de la madre; hay un legado de formas que se transmiten en el desarrollo evolutivo de la especie humana, formas colectivas, y no meras experiencias aisladas individuales, un legado intrínseco de aprendizaje, "formas" que viajan a través del tiempo y el espacio utilizando como canal la psique colectiva y personal. No solo el retoño, la cría humana de esa madre personal, ha tenido y tiene que lidiar con lo que recibe de su madre, aquella contención de supervivencia y ese ánimo vital amigable con la existencia, sino que el desarrollo del ser humano como especie también ha tenido que verselas en tiempos primigenios con modos colectivos de sobrevivir y de apreciar la vida de acuerdo a ciertos estándares evolutivos de conciencia, precisamente en relación inmersiva con aquel arquetipo materno.

    El desarrollo de la conciencia personal en el estadio actual de la humanidad, comparte estratos o escalones evolutivos, con lo que antaño (hace miles de años) fue una inmersión global de la conciencia colectiva de la especie humana en dichos estratos y no como un simple peldaño, sino como un todo en el cual no se vislumbraba un más allá, por ende el ser humano tuvo que verselas de lleno con lo que es dado a conocerse con el nombre de la Gran Madre. 

    Esos tiempos primitivos mencionados son cohetaneos con el desarrollo de la agricultura funcionando como único sosten de la humanidad, y de ello se puede observar lo simbólico que va a subyacer tras las ideas de mater, materia, madre, como fue captado por Sigmund Freud. De la relación con aquella Madre Tierra el ser humano, en el desarrollo de su evolución también tuvo que, de algún modo salir. "Nuestros antepasados parecen haber tenido una extraña fijación en la Gran Madre" afirma Maryse Choisy. También esta autora se refiere a "las pacíficas sociedades agrícolas", cuestión que si bien marca una verdadera diferencia en cuanto a la violencia que vendría en las etapas posteriores, dichas sociedades agrícolas, también contaban con una violencia intrínseca ya que, esa Gran Madre, esa Madre Tierra era la dadora de vida aunque también allí recidía la muerte en diversas formas. 

    Hubo que poder salir de ese agujero del mundo subterraneo, más allá de que las acepciones mitológicas del inframundo sean elaboraciones simbólicas posteriores, esa Tierra Madre, esa Gran Madre si no se la trascendía, el ser humano quedabase en un estancamiento en el desarrollo evolutivo de la especie; fueron tiempos remotos, hubo que trascenderlos, y tanto in situs, como en su transición e incluso en la actualidad, el ser humano no se encuentra liberado de la violencia. 

    De todos modos, lo que hay que destacar es que, pervive por un lado el aferramiento a identidades en estadios de la conciencia a los cuales se pertenece, y por otro lado, coexiste la lucha por la emancipación y trascendencia a estadios evolutivos superiores, en esa especie de polaridad, en ese vaiven del desarrollo filogenético, la dupla vida-muerte, los miedos, las resistencias, y las encrucijadas para resolver esos conflicto van delinenando el devenir de la existencia ontológica de la especie humana. 

    "Al igual que ocurre en el caso del niño -"la madre es el único personaje con el que el niño representa el drama de la separación" (Kaplan)-, en el período en el que la humanidad está separándose de la naturaleza ("madre naturaleza") y de la fusión con el medio (el Gran Entorno), su constante interlocutor es la Gran Madre. Es por ello que la Gran Madre representa a la existencia corporal, a la materia, a la naturaleza, al agua, a la tierra, a la vida y la muerte en el dominio de lo natural (Cambell)" " (Wilber). Entonces, tanto el desarrollo de la conciencia humana (de la especie), como el desarrollo de la conciencia personal en relación a un estadio en particular del devenir historico existencial, promueven una identidad que pretende ser conservada y a su vez trascendida. Esto último equivale a un paso terrorifico porque, no solo había que enfrentar a la Gran Madre como lo hicieron los antiguos, o si se quiere la consciencia debía atravesar la oscuridad, sino que también se pone en juego la posibilidad de que ese pasaje no se dé, y lo inconsciente fagocite como unas fauces abiertas las posibilidades de renacer, de volver a ver la luz. Carl Gustav Jung afirma que la prohibición del incesto no funciona per se en la reorientación libidinal progresiva, sino más bien sostiene la probable existencia de un impulso evolutivo en la especie humana que incluye tal prohibición, como si fuese un motor intrínseco al desarrollo de la consciencia humana, por encima de cualquier parámetro de coyuntura social o cultural. 

    ¿Cómo trasciende la especie humana la relación con la Gran Madre en aquellos tiempos primitivos y cómo hace el sujeto hoy para continuar madurando su conciencia y no quedar atrapado en el regazo materno? El sacrificio como ritual es una práctica de repetición ordenada que el ser humano ha puesto al servicio de diversos objetivos en los distintos períodos de existencia. Funcionaban entre otras cosas, para expiar culpas por experimentar una conciencia separada de aquella Gran Madre, y "entregas", ofrendas para cumplir "magicamente" a los beneficios de la Madre Naturaleza.

    En los tiempos de la Gran Madre, había que danzar, realizar actos mágico, cantos y sacrificios humanos (que luego fueron sustituyendose simbólicamente) para que la Madre Tierra, la Madre Naturaleza siga proveyendo de alimento y contención. Pues sino se cumplía con los designios y ordenes de aquella Gran Madre, la ira, las calamidades y castigos caían duramente sobre las criaturas. Así puede comenzar a percibirse la violencia y la muerte de aquel período, y la faceta de la Madre Terrible. Ese período trae en la actualidad reminiscencias que pueden apreciarse simbólicamente en el curso del desarrollo individual, como si fuesen residuos atropológicos que dejan observar en la dinámica de la psiquis y sus elementos, un pasado remoto olvidado, aunque por otro lado conservado inconscientemente: "En la misma medida en que un hijo estaba supeditado a la madre, resulta violenta la separación, y cuanto más fuerte fuera el vínculo roto, tanto más peligrosa se le enfrenta la "madre" en forma de lo inconsciente...la madre feroz de los deseos, que de otra forma amenaza devorar al que acaba de emanciparse" (Jung). 

    Con el suceder de los inicios de aquel período remoto en el que se mencionó a la agricultura como único sosten de la humanidad, algunos de los sacrificios ejecutados, fueron tomando distancia de los actos violentos y ofrendas materiales, carnales y magicas, para ir verdaderamente transformándose (por algunos), en actos revolucionarios de trascendencia, y dando saltos evolutivos en la toma de conciencia. Jung relaciona a este tipo de sacrificios, como la renuncia a aquella energía libidinal que con una especie de inercia, quiere volver a la madre. Es decir, renunciar a la ligazón maternal -que por otra parte, esa relación y anteriormente fusión es necesariamente vital al comienzo- es lo que permite salir del averno de manera renovada para hacerle frente a los obstáculos que presenta la vida.

    Cuando se habla de "prohibición del incesto" se alude de algún modo, a esa necesaria separación de la conciencia con el mundo subterraneo (mundo inconsciente, de la madre). Como si fuese un establecimiento cultural para que esa energía vital pueda desprenderse de ese funcionamiento de retorno permanente, y pueda ponerse al servicio de un porvenir.

    "La significación originaria concreta de "comprender" es "asir", "tomar", etc., es un abrazar y retener con las manos y brazos. Es lo que hace la madre con el hijo que busca ayuda o protección...a medida que el hijo se hace mayor, aumenta el peligro de que ese modo de "comprender" conduzca a un entorpecimiento del desarrollo natural. En vez de realizar la necesaria adaptación a las nuevas condiciones del ambiente, la libido del niño regresa a los brazos de la madre, que dispensan protección y facilidades...." (Jung). Entonces, se pueden presentar diferentes tipo de regresiones de esta energía vital, en post de un desarrollo evolutivo de la conciencia o una regresión de caracter infantil, es decir, incestuosa, en donde los obstaculos y las frustraciones presentan tales dificultades que la energía vital, la libido, emprende una camino de retorno al seno materno en busca de alimento y cuidados. 

    "Quien renuncia a la adaptación y vuelve al seno de la familia, es decir, en última instancia, a la madre, no sólo espera encontrar allí calor y amor, sino también alimento. Cuando la regresión tiene carácter infantil, su finalidad -en todo caso sin confesarse esa intención- es el incesto y el alimento. Pero cuando la regresión sólo es aparente y en realidad se trata de una introversión de la libido encaminada a un fin, se evita entonces aquella relación endógama, de todos modos prohibida por el tabú del incesto, y en lugar de la pretensión de ser alimentado aparece el ayuno deliberado...A causa de semejante actitud la libido se ve obligada a desviarse hacia un símbolo o equivalente simbólico del alma mater, a saber: a lo inconsciente colectivo. Es por ello que desde antiguo la soledad y el ayuno son los medios preferidos para favorecer la meditación que ha de facilitar el acceso a lo inconsciente" (Jung).

    En el período de la Gran Madre, algunos individuos ya no solo hacían rituales para volver al Seno Materno, y por miedo, entregarse en ofrenda a la Madre Tierra, sino que, hubo quienes comenzaron a hacer una verdadera entrega y acercaron su nivel de conciencia al velo del nivel oscuro de lo inconsciente y comenzaron así los seres humanos primitivos, a trascender realmente y no quedaron atrapados en el estadio ctónico de la Gran Madre. Se da allí también esta especie de doble regresión, una al servicio de volver al regazo materno por miedo de enfrentar la vida, y otra regresión...la que se puede llamar introversión de la libido...al servicio de pasar por esa "oscuridad" no para quedarse allí, sino para atravesarla y arribar a un nuevo estadio de consciencia. "La introversión fructifica, espiritualiza, procrea y hace renacer" (Jung). 

    ¿Qué tipo de conciencia cree tener la masa social, sobre el estadio evolutivo del desarrollo humano actual? Ken Wilber plantea que sólo unos pocos seres humanos levantan el velo en cada momento del devenir de la historia del ser, solo un puñado logra vislumbrar los caminos de la evolución de la conciencia, y que, el promedio tiende a consevar la "identidad de conciencia no separada", es decir, estar inmersos en un divague inconsciente sobre el pasado, el presente y el devenir. Como si esa masa social hubiese sido tragada por esa Madre y no tuviese conciencia de la existente posibilidad de una identidad separada, y más aún, de la existencia de la identidad con un Todo (más allá de la madre)...

    La conservaduría de la masa social, es la contraparte de los impulsos primitivos, animales, que tienden a regresar a la Gran Madre, y como Jung afirma, el delirio de progreso "constituye la compensación morbosa de tales caracteres". 

    ¿Hay que salvar al Mundo?

    El planeta Tierra está siendo sede de una cantidad importante de desarmonías, lo que implica dar cuenta de que las cosas hace tiempo no están del todo bien. Habrá quienes estén oscurecidos, obnubilados por sostener las raices de una conciencia que pretende una identidad no-separativa, y habrá quienes puedan aprovechar el momento de paso por la Tierra para intentar hacer frente al traspaso de la oscuridad y dar con una conciencia de identidad separada, siendo permeable a lo trascendente. También habrá quienes con una conciencia ciega sobre la Tierra, pretendan un más allá, como un modo falaz de encuentro con lo real. 

"Quien ama la tierra y sus excelencias y por ella olvida el "reino oscuro" o lo sustituye con ella (como sucede con frecuencia), tiene al "espiritu" como enemigo; en cambio, la vida es hostil a quien huye de la tierra para caer en los "brazos eternos" ". Carl Gustav Jung. 


  • Erich Fromm - "El arte de amar"
  • Carl Gustav Jung – "Arquetipos e inconsciente colectivo"
  • Carl Gustav Jung – "Símbolos de transformación de la libido"
  • Casilda Rodrigañes Bustos – "El asalto al Hades"
  • Ken Wilber – "Después del Edén"
  • Maryse Choisy – "Psicoanálisis de la prostitución" 
  • Massimo Recalcatti – "Las manos de mi madre"




El amor, el amar.

    El amor. Es una cuestión inmemorial que el ser humano hasta la actualidad no ha podido "conquistar". Es decir, en trascendencia con todos los tiempos y épocas, el amor se ha convertido en una problemática fundamental. Que no se haya podido comprender y sigan las dificultades al respecto, sea por ese afán de conquista que subyace a la obtención irracional de poderío ilimitado y a su consecuente aniquilamiento recíproco (en contraposición a lo que sería el amor), quizás sea el porqué la humanidad siga sin poder saborear aún verdaderamente ese manjar de los dioses. Más por ello, se requiere fe. Como afirma Erich Fromm "la práctica del arte de amar requiere la práctica de la fe".
    Más allá de las teorías, los métodos, la técnica y el saber epistemológico (y otros saberes) que el psicólogo pueda poner a disposición del servicio terapéutico que brinda, es de importancia principal el hecho de considerar la disposición (energética) que en potencia se encuentra en la persona que realiza la consulta. 
  Ante "el interrogante de si en el comienzo del tratamiento los pacientes son capaces de una auténtica transferencia positiva". Por "auténtica" se entiende una relación genuina y no ambivalente, "que pueda suministrar la base para una ligazón lo suficientemente fuerte con el analista como para capear las tormentas del análisis", es decir, si el paciente es capaz de contar con su propia energía vital positiva como para hacer funcionar adecuadamente el proceso que inicia. Wilhelm Reich respondía a este interrogante, negativamente: "No existe en las fases primeras del análisis autentica transferencia positiva. Más aún, no puede haberla", dicho en términos generales, debido a las mismas problemáticas que el paciente acusa en su sufrimiento. Es importante seguir el hilo del interrogante, que plantea la posibilidad (o no) del paciente, de hacer surgir (emerger) su energía vital (libido, la transferencia), en el inicio de un tratamiento para su propio bienestar. Como se adelantó, hay en principio una imposibilidad, prerrequisito del sufrimiento y malestar, entonces por qué sería la excepción la sesión terapéutica (puede sostenerse como interrogante). En cierto modo, de hecho esa posibilidad existente, es cualitativa y cuantitativamente mensurable y relativa a cada individuo.
    En el fondo -como todas las personas- teniendo en cuenta la problemática específica que presente cada uno como puntapié, el sufrimiento en primera y última instancia tiene que ver con el amor (con el amar). Y esas mismas dificultades y potencialidades con respecto a ese acto, son las que se ponen en juego a fin de cuentas en sus propias sesiones, en su propio espacio terapéutico.
    Erich Fromm vuelve a plantear algo de lo más destacable: "Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar"; para la necedad y la ceguera, el alcance de esta frase, será tan solo una frase más, o algo sobreentendido. Y se obviará que aquí es donde se encuentra el nudo gordiano, el quid de la cuestión. Continúa diciendo, la gente cree que amar es sencillo y lo difícil es encontrar la persona apropiada. El problema del amor no está en un objeto sino más bien en la facultad. Es decir no en la cosa, sino en la capacidad de amar, en el hecho puesto en ejercicio constante, en el acto de amar y no en el blanco al cual apunto, salvo que el objetivo sea el amor en sí (el amar).
    El amor, entonces, sería una facultad de hacer funcionar la cosa. Solo aquellas personas que realmente tengan en su carácter y estructura psíquica, la posibilidad potencial de transferir en el espacio terapéutico su propia energía vital, y así desprenderla de su propio narcisismo (yo) sin derrumbarse, serán aquellas que puedan hacer funcionar su propio espacio de cura.
    Jung afirma: "La resistencia al amor engendra la incapacidad de amar, o esa incapacidad actúa como obstáculo. Al igual que la libido se asemeja a una corriente constante que hace desembocar su agua en el mundo de la realidad, la resistencia se asemeja a una contracorriente que en vez de fluir hacia la desembocadura fluye hacia la fuente". La libido sería esa energía biopsicológica vital que puede desembocar no solo en el proceso terapéutico, sino en todo lo que conlleva dar de sí mismo en la realidad, es decir, en el trabajo, en el estudio, el deporte, el arte, y también en lo afectivo, sentimental, y en el propio acto sexual, etc. Entonces, todo lo que se oponga a ello (interna o externamente), se presenta como un obstáculo que trae aparejado sufrimiento, angustia, odio, enfermedad. Esa energía libidinal, si causa problemas es porque queda lo suficientemente enclaustrada en el cuerpo y en la psiquis. "Fluye hacia la fuente", quiere decir en parte que, vuelve de dónde proviene o de dónde nunca a podido partir esa energía, lisa y llanamente de la persona, no puede esa energía liberarse y ponerse al servicio de producir en la realidad, se confina en el cuerpo, transformada en angustia, en odio, en fantasías, mora en los oscuros contenidos inconscientes, prima la neurosis, el sufrimiento. Si profundizamos por esta vía de reflexión, hablar de fuente es hablar también de origen. No sería sencillamente hablar de la propia persona (en tanto carácter, mentalidad, personalidad o cuerpo), sino que la fuente y el origen es una alusión al desarrollo ontogénico de esa persona, al propio desarrollo de su ser, y esto pone de relieve al ser como engendrado, por alguien. Es necesario recordar que, estamos hablando del amor, del amar.
    En resumen, la capacidad del paciente para sobrellevar adecuadamente el proceso que inicia, es fundamental, ese acto potencial de amar, de transferir, esa economía libidinal, plasticidad de su capacidad estructural de investir objetos, cosas, actividades, personas, es de importancia necesaria. Como instancia a priori, para que la persona pueda ser consecuente con su propio espacio terapéutico, hacerlo funcionar (y hacer funcionar al fin y al cabo su propia vida). Lo que significa, a su vez, disolver los conflictos inconscientes (lo no sabido) que encapsulan y fijan esa energía que no está ligada a instancias de vida saludable sino a huellas regresivas del desarrollo. Los conflictos internos como los externos, procuran obstáculos que imposibilitan el acto de amar (como facultad vital caracterológica y del cuerpo) conforme a la realidad. Lo que conlleva como se ha dicho, sufrimiento, angustia, odio, los propios síntomas y malestares de las diversas enfermedades psicobiológicas. 
    El amor y la verdad curan.



"El que ama, se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo". Sigmund Freud.




Autoestima-Persona-Sombra

 Autoestima, Persona y Sombra

    La autoestima. Sería interesante pensar este concepto como un genuino y sutil equilibrio de la personalidad, o un rasgo del carácter. Y no como parte fundamental por ejemplo, que deba traducirse en: hay que tener una “autoestima alta”. Hablar de autoestima, a fin de cuentas no es hablar de la intención de agrandar el ego, o cómo hacerlo. Sino situarla como un rasgo del carácter entre otros. La intención también es pivotear con otros dos conceptos interesantes y necesarios, el de persona y el de sombra.

    La autoestima como una expresión de la magnitud del yo (Freud). Ésta varía en relación a: lo se posee (no necesariamente objetos materiales), lo que se logra, y por último, a la dinámica del amor. Está relacionada con el desarrollo propio de los años infantiles, los logros o metas que el sujeto puede cumplir, y también como se dijo antes, a la dinámica amorosa. Si se puede amar y ser amado (que haya correspondencia entre los amantes), se cumplen objetivos planeados, y se logran cumplir idealizaciones propias de la infancia (en donde también hubo logros, hazañas y vínculo de amor con los padres o sustitutos). Si hay logros en las tareas o planes, en las identificaciones y los ideales yoicos propios de la infancia (que continúen existentes en la juventud o adultez) y hay correspondencia en los vínculos amorosos (en donde se le devuelve amor correspondido al sujeto), entonces podemos hablar de que la autoestima se mantiene en ciertas magnitudes de estabilidad.

    Aunque no todo en el cumplimiento de los ideales que se ve sometido el yo, puede ser satisfactorio. Y por diversas circunstancias, a causa de una frustración externa o interna, ya sea en el amor, o en alcance de un propósito, de un ideal, etc. esta autoestima, este yo enlazado a ella, se ve herido, golpeado, frustrado y “bajoneado”, hasta tal punto de generarse una especie de derrumbe de todo lo que parecía hasta el momento idílico. 

    Pasemos ahora a tener en cuenta una definición etimológica. Persona: Del lat. persōna 'máscara de actor', 'personaje teatral', 'personalidad', 'persona', este del etrusco φersu (phersu), y este del gr. πρόσωπον prósōpon. En otra variable, per-sonar algunos hacen referencia a la reverberación, al resonarTambién en la actualidad se relaciona con el individuo como actor social, sujeto de derecho, reconocimiento jurídico legal. Estas definiciones lingüísticas de persona, dan cuenta de la relación del individuo respecto a un otro, poniendo en juego la comunicación y el reconocimiento mutuo (implícito o explícito). Por un lado, "el sujeto manifiesta una máscara comunicativa expresiva que resuena en el otro" -y el otro también presenta una máscara que comunica, expresa, resuena-; y por otro lado, en esa relación hay un reconocimiento legalizado de ese intercambio entre individuos, la posibilidad de socializar, a través del lenguaje. Es decir, un vínculo sano entre pares, necesita un reconocimiento mutuo entre las partes, una estima propia equilibrada y reconocimiento de una estima en el otro también equilibrada. Es necesario que no haya sobrevaloración ni tampoco infravaloración. Es así como dice Maslow “las dificultades con el mundo externo corren parejas con las dificultades con el mundo interno- es que deberíamos esperar que la comunicación con el mundo exterior mejore a media que mejore el desarrollo de la personalidad, su integración y totalidad”.

    Este equilibrio, esta mesura narcisista, que contempla a uno mismo y a un otro en una ética relacional, no va a ser sin el reconocimiento de la propia sombra. Aquellas partes oscuras del carácter, de la personalidad, que intentan negarse, reprimirse, rechazarse (por vergüenza, miedo, dolor, etc.) no pueden ocultarse sin más, de hecho se relegan a lo inconsciente. Es decir, no dejan de existir sino que, pujan desde lo desconocido (subterráneamente), y obstaculizan el intercambio con los demás, la comunicación, la recepción y emisión de mensajes, la percepción, y la acción. Jung afirma “jamás alcanzaremos nuestra totalidad si no asumimos las oscuridades que hay en nosotros pues no hay cuerpo que, en su totalidad, no proyecte una sombra y esto no en virtud de ciertos motivos razonables, sino porque siempre ha sido así y así es el mundo”. Aquello reprimido en el interior aparece afuera como no reconocido, hechos, acciones, palabras, circunstancias, sentimientos, reacciones, etc.. Denotan sufrimiento, incomprensión, un complejo perteneciente a la categoría de síntomas, característica neurótica, separación de una parte propia, que al ser oscura, sombría, no se la quiere aceptar, reconocer, y menos aún integrar a la totalidad de la personalidad.

    “Es cierto que quien mira en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El que va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor. Pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Ésa es la primera prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante. Si uno está en situación de ver su propia sombra y soportar el saber que la tiene, sólo se ha cumplido una pequeña parte de la tarea: al menos se ha trascendido lo inconsciente personal. Pero la sombra es una parte viviente de la personalidad y quiere entonces vivir de alguna forma. No es posible rechazarla ni esquivarla inofensivamente” (Jung). Lo importe de meditar sobre la integración de la personalidad total, es en algún punto un hecho ético social. Lo oculto, reprimido, negado, esta sombra extraña, repercute en la relación intrapersonal, y también en el lazo social, la interacción se ve socavada, distorsionada. Eso extraño no reconocido posiblemente se proyecte, viendo en el otro lo que no puedo ver en mi mismo, y viceversa, lo que genera una compleja distorsión de las cosas. El lazo termina formándose por identificaciones imaginarias en torno a las identidades de la persona, identidades narcisistas. Esto se vivencia no sólo en el encuentro entre dos individuos, sino que también las masas humanas se alimentan de imágenes identificatorias narcisistas. Agrupándose en derredor de ideas, y propósitos cercenan la “personalidad colectiva total” (integradora), y excluyen su contraparte extranjera, extraña, su sombra, las "ideas enemigas". La relación con el otro, con lo exterior, con la sociedad otra, con la naturaleza, con el mundo se ve entonces perjudicada por la ceguera y la miopía reduccionista.

    En resumen, hablar de un equilibrio en la autoestima es tener en cuenta la personalidad y su sombra. Con el arduo trabajo de reconocimiento de ese ying y yang internos: la toma de consciencia de los aspectos que se muestran -la persona, la máscara- y aquellos que se ocultan, reprimen -la sombra-, con su integración se puede situar un balance saludable con uno mismo y un reconocimiento del otro. Esta integración de la personalidad total no puede darse de un solo salto, en un gran momento, más bien se trata de pequeños pasos acumulados a lo largo de la vida, de un aprendizaje continuo. La verdad cura, desenmascarar y alumbrar aquellos rincones oscuros del alma, posibilita la integridad de la personalidad que en potencia hacen a los grandes valores del ser humano, muchas veces opacados por los conflictos bélicos, la crisis humanitaria, las injusticias, la pobreza, la opresión de unos a otros, la catástrofe ecológica, y un sin numero de atrocidades y vilezas que se hacen imposible de negar.




CONTACTO

Psicólogo Psicoanalista Juan Franco Bottazzi (Nº Mat. 7895) 0341-153116111 - Lunes a Viernes  de 8 - 20hs ROSARIO, SANTA FE. ARGENTINA.