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Ps. Juan Franco Bottazzi | Psicólogo – Psicoanalista | Tel. 0341 15 311 6111
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Psicología Humanista · Psicología Reichiana · Psicología Junguiana · Psicología Transpersonal
La psicogenealogía es creada a partir de la psicología clínica, y se basa en el psicoanálisis aplicado a los vínculos transgeneracionales. Toda familia tiene una historia, una novela, un mito, en la cual el individuo tiene sus raíces, sus orígenes y va creando conjuntamente su propio mito personal conforme a la historia del clan familiar al cual pertenece. Es decir, se va heredando parte de la historia familiar. El enfoque transgeneracional, es la apertura a la búsqueda de la historia familiar en su verdadero contexto, poniendo de relieve secretos, verdades, acontecimientos y situaciones vividas por los ancestros (familiares de generaciones anteriores). Y dado que, varias son las circunstancias que obstaculizan e imposibilitan resolver o tramitar de manera adecuada, se hace perentorio encontrar y relacionar, estos sucesos -no tramitados, olvidados y todavía existentes (inconscientemente)- con las consecuencias que afectan a la descendencia del propio linaje.
Anne Ancelin Schützenberger afirma que, la perspectiva de trabajo transgeneracional sería "descubrir de dónde venimos, encontrar quiénes somos y qué hemos heredado (o sea, la identidad)". O como Gauguin escribió en su famosa pintura: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?
Si bien desde el psicoanálisis es necesario tener en cuenta las relaciones intrapsíquicas, instancias como el yo, el ello y el superyó, desde el enfoque transgeneracional también es importante tener en cuenta, el aspecto interno del nivel interpersonal que se establece entre los miembros de la familia. Existen transmisiones intergeneracionales que son de alguna manera conscientes, o por lo menos pensadas y habladas entre abuelos, padres e hijos: dentro de las que se encuentran los hábitos familiares, maneras de ser o comportarse, habilidades ligadas a un oficio, una profesión, etc. También se encuentran las transmisiones transgeneracionales, serían más bien inconscientes, aquellas no se dicen. Son secretos familiares, no-dichos, cosas silenciadas, ocultas, a veces prohibidas incluso al pensamiento ("impensadas").
A partir de los síntomas, traumatismos, enfermedades, inscripciones somáticas o psicosomáticas, repeticiones, accidentes, yerros, estancamiento en la vida, tristeza desconcertante, fragilidad emocional en períodos particulares: es posible dar cuenta de aquello que no ha podido hablarse, resolverse, pensarse, simbolizarse, que no han podido "digerir" antaño los ancestros, reaparece en el presente de modo fantasmático, vivo e inentendible y extraño, en el sufrimiento encriptado del sujeto. "Como si un acontecimiento de vida no se pudiera olvidar y tampoco pudiera hablarse de él, pero tuviera que ser transmitido sin decirlo" (Anne Ancelin Schützenberger).
Desenmascarar aniversarios (Joséphine Hilgard) o el síndrome de aniversario, significa poder ir simbolizando lo inconsciente del clan familiar que se manifiesta en sucesivas repeticiones de acontecimientos importantes, fijándose en fechas o edades. Se ponen en juego brotes psicóticos, pérdida parental, repetición de accidentes, casamientos, abortos naturales, muertes, enfermedades, embarazos, a lo largo de varias generaciones. Expresión del inconsciente transgeneracional, familiar y social. Tal funcionamiento del síndrome de aniversario se explica por las lealtades invisibles (Boszormenyi-Nagy), lazos inconscientes a miembros del clan familiar (pariente o cónyuge), obligaciones invisibles a ideologías, rasgos y costumbres culturales o étnicas, fidelidad a un aspecto socioeconómico de clase; mecanismo vincular regulado secundariamente por sentimientos de culpabilidad. Aquellas problemáticas sufrientes, repetitivas e inconscientes, según la perspectiva transgeneracional provienen de un no-dicho que se ha transformado en secreto.
En resumen, la psicogenealogía abre la posibilidad de enfrentarse a los secretos familiares, a lo no-dicho. Es el desafío heroico del mito personal para liberarse del yugo de lo no hablado, de lo mal enterrado que pulula en el presente, queriendo todavía hacerse oír o ver en la paradoja del ocultarse, pujando subterráneamente. Y en definitiva, reivindicar el legado familiar, manteniendo lo conveniente y saludable, poniendo de relieve lo honorable, aceptando y no negando aquellos errores o dramas no resueltos, aquellas "faltas", y así vivir con una identidad de mayor libertad y elección sobre el propio destino.
Por último, es importante destacar la propia afirmación de Anne Ancelin Schützenberger, «la psicogenealogía se inscribe en el curso/transcurso o como complemento de una psicoterapia a largo plazo. Pero no debe utilizarse como una panacea, aunque pueda iluminar el camino y resolver muchos problemas en un corto período de tiempo».
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Autoestima, Persona y Sombra
La autoestima. Sería interesante pensar este concepto como un genuino y sutil equilibrio de la personalidad, o un rasgo del carácter. Y no como parte fundamental por ejemplo, que deba traducirse en: hay que tener una “autoestima alta”. Hablar de autoestima, a fin de cuentas no es hablar de la intención de agrandar el ego, o cómo hacerlo. Sino situarla como un rasgo del carácter entre otros. La intención también es pivotear con otros dos conceptos interesantes y necesarios, el de persona y el de sombra.
La autoestima como una expresión de la magnitud del yo (Freud). Ésta varía en relación a: lo se posee (no necesariamente objetos materiales), lo que se logra, y por último, a la dinámica del amor. Está relacionada con el desarrollo propio de los años infantiles, los logros o metas que el sujeto puede cumplir, y también como se dijo antes, a la dinámica amorosa. Si se puede amar y ser amado (que haya correspondencia entre los amantes), se cumplen objetivos planeados, y se logran cumplir idealizaciones propias de la infancia (en donde también hubo logros, hazañas y vínculo de amor con los padres o sustitutos). Si hay logros en las tareas o planes, en las identificaciones y los ideales yoicos propios de la infancia (que continúen existentes en la juventud o adultez) y hay correspondencia en los vínculos amorosos (en donde se le devuelve amor correspondido al sujeto), entonces podemos hablar de que la autoestima se mantiene en ciertas magnitudes de estabilidad.
Aunque no todo en el cumplimiento de los ideales que se ve sometido el yo, puede ser satisfactorio. Y por diversas circunstancias, a causa de una frustración externa o interna, ya sea en el amor, o en alcance de un propósito, de un ideal, etc. esta autoestima, este yo enlazado a ella, se ve herido, golpeado, frustrado y “bajoneado”, hasta tal punto de generarse una especie de derrumbe de todo lo que parecía hasta el momento idílico.
Pasemos ahora a tener en cuenta una definición etimológica. Persona: Del lat. persōna 'máscara de actor', 'personaje teatral', 'personalidad', 'persona', este del etrusco φersu (phersu), y este del gr. πρόσωπον prósōpon. En otra variable, per-sonar algunos hacen referencia a la reverberación, al resonar. También en la actualidad se relaciona con el individuo como actor social, sujeto de derecho, reconocimiento jurídico legal. Estas definiciones lingüísticas de persona, dan cuenta de la relación del individuo respecto a un otro, poniendo en juego la comunicación y el reconocimiento mutuo (implícito o explícito). Por un lado, "el sujeto manifiesta una máscara comunicativa expresiva que resuena en el otro" -y el otro también presenta una máscara que comunica, expresa, resuena-; y por otro lado, en esa relación hay un reconocimiento legalizado de ese intercambio entre individuos, la posibilidad de socializar, a través del lenguaje. Es decir, un vínculo sano entre pares, necesita un reconocimiento mutuo entre las partes, una estima propia equilibrada y reconocimiento de una estima en el otro también equilibrada. Es necesario que no haya sobrevaloración ni tampoco infravaloración. Es así como dice Maslow “las dificultades con el mundo externo corren parejas con las dificultades con el mundo interno- es que deberíamos esperar que la comunicación con el mundo exterior mejore a media que mejore el desarrollo de la personalidad, su integración y totalidad”.
Este equilibrio, esta mesura narcisista, que contempla a uno mismo y a un otro en una ética relacional, no va a ser sin el reconocimiento de la propia sombra. Aquellas partes oscuras del carácter, de la personalidad, que intentan negarse, reprimirse, rechazarse (por vergüenza, miedo, dolor, etc.) no pueden ocultarse sin más, de hecho se relegan a lo inconsciente. Es decir, no dejan de existir sino que, pujan desde lo desconocido (subterráneamente), y obstaculizan el intercambio con los demás, la comunicación, la recepción y emisión de mensajes, la percepción, y la acción. Jung afirma “jamás alcanzaremos nuestra totalidad si no asumimos las oscuridades que hay en nosotros pues no hay cuerpo que, en su totalidad, no proyecte una sombra y esto no en virtud de ciertos motivos razonables, sino porque siempre ha sido así y así es el mundo”. Aquello reprimido en el interior aparece afuera como no reconocido, hechos, acciones, palabras, circunstancias, sentimientos, reacciones, etc.. Denotan sufrimiento, incomprensión, un complejo perteneciente a la categoría de síntomas, característica neurótica, separación de una parte propia, que al ser oscura, sombría, no se la quiere aceptar, reconocer, y menos aún integrar a la totalidad de la personalidad.
“Es cierto que quien mira en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El que va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor. Pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Ésa es la primera prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante. Si uno está en situación de ver su propia sombra y soportar el saber que la tiene, sólo se ha cumplido una pequeña parte de la tarea: al menos se ha trascendido lo inconsciente personal. Pero la sombra es una parte viviente de la personalidad y quiere entonces vivir de alguna forma. No es posible rechazarla ni esquivarla inofensivamente” (Jung). Lo importe de meditar sobre la integración de la personalidad total, es en algún punto un hecho ético social. Lo oculto, reprimido, negado, esta sombra extraña, repercute en la relación intrapersonal, y también en el lazo social, la interacción se ve socavada, distorsionada. Eso extraño no reconocido posiblemente se proyecte, viendo en el otro lo que no puedo ver en mi mismo, y viceversa, lo que genera una compleja distorsión de las cosas. El lazo termina formándose por identificaciones imaginarias en torno a las identidades de la persona, identidades narcisistas. Esto se vivencia no sólo en el encuentro entre dos individuos, sino que también las masas humanas se alimentan de imágenes identificatorias narcisistas. Agrupándose en derredor de ideas, y propósitos cercenan la “personalidad colectiva total” (integradora), y excluyen su contraparte extranjera, extraña, su sombra, las "ideas enemigas". La relación con el otro, con lo exterior, con la sociedad otra, con la naturaleza, con el mundo se ve entonces perjudicada por la ceguera y la miopía reduccionista.
En resumen, hablar de un equilibrio en la autoestima es tener en cuenta la personalidad y su sombra. Con el arduo trabajo de reconocimiento de ese ying y yang internos: la toma de consciencia de los aspectos que se muestran -la persona, la máscara- y aquellos que se ocultan, reprimen -la sombra-, con su integración se puede situar un balance saludable con uno mismo y un reconocimiento del otro. Esta integración de la personalidad total no puede darse de un solo salto, en un gran momento, más bien se trata de pequeños pasos acumulados a lo largo de la vida, de un aprendizaje continuo. La verdad cura, desenmascarar y alumbrar aquellos rincones oscuros del alma, posibilita la integridad de la personalidad que en potencia hacen a los grandes valores del ser humano, muchas veces opacados por los conflictos bélicos, la crisis humanitaria, las injusticias, la pobreza, la opresión de unos a otros, la catástrofe ecológica, y un sin numero de atrocidades y vilezas que se hacen imposible de negar.
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Algunos fundamentos
El psicoanálisis constituye una herramienta psicoterapéutica fundamental, un punto de partida clave, para avanzar en la comprensión profunda de los aspectos del alma (psique). Y no caer en el intento, en un derrotero propio de la imagineria mental. El psicoanálisis es psicología profunda.
Esa misma causa, posibilita considerar el imposible planteado por Lacan, destacando que el psicoanálisis -y cualquier otra práctica seria- no se limita a la vía intelectual o académico-pedagógica. Para comprender el psicoanálisis, es necesario experimentarlo a través de un análisis personal con un profesional que, haya atravesado su propia experiencia terapéutica y elaborado en principio aspectos de su narcisismo.
Refiriéndonos a Freud, su obra clínico-teórica e investigativa sigue siendo relevante para abordar problemáticas contemporáneas como ansiedad, fobias, angustias, miedos, pensamientos recurrentes, trastornos alimenticios, entre otros. A pesar de las diferencias en los modismos de expresión de las psicopatologías, entre los siglos XIX y XX. La obra de Freud continúa siendo un recurso válido para comprender las complejidades humanas en contextos diversos. Realizar una terapia psicoanalítica conlleva considerar las fases evolutivas del desarrollo psicosexual. Éstas constituyen un complejo psicológico de jerarquías.
La comunicación espontánea natural (o asociación libre) es un aspecto importante en la terapia psicoanalítica, en relación a otro concepto también significativo, la resistencia. Vencer las resistencias, atravesarlas, se convierte en avance.
Sigmund Freud destacó por su habilidad para observar y escuchar más allá de lo evidente, cuestionando las prácticas médicas de su tiempo. Y a su vez, incorporó e integró diversos conocimientos científicos, creando un método de trabajo que evolucione con el tiempo. En resumen, el movimiento psicoanalítico que se gestaba, sus fundamentos en la obra freudiana, el aporte de sus colegas, alumnos (o discípulos), y el desarrollo de la psicología posterior, brindan herramientas para la construcción de una cosmovisión (Weltanschauung) integral.
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Psicólogo Psicoanalista Juan Franco Bottazzi (Nº Mat. 7895) 0341-153116111 - Lunes a Viernes de 8 - 20hs ROSARIO, SANTA FE. ARGENTINA.