“Por su puesto,
todos soñamos por regla general varias veces cada noche,
aunque luego no nos acordemos.
En nuestros sueños,
habitamos mundos luminosos que no hemos creado a conciencia,
y algunas personas viven en ellos cosas muy intensas”.
Rupert Sheldrake.
¿Cuánta luz ha de ingresar por la ventana?
Si aquella luz sería metáfora de epifanía...no sería incorrecto de todos modos, aquella mesura necesaria, que puede uno llegar a representarse en cuanto a un oso devora empalagado la miel de un panal de abejas.
El velo se correrá pues si el frío de las habitaciones lo amerita, y se ajustará si el calor ya se ha adentrado lo suficiente. Si aquella luz revela mí ser...es decir, si aquella luz se revela, ya no habrá diferencia. Una luz ha de ser la que habita cada ventana, solo una.
La manifestación de la mente, el alma y la conciencia
Si bien en la historia del desarrollo del conocimiento científico – y en particular en el marco de la ciencia cognitiva- se han estudiado las llamadas funciones cognitivas superiores, es decir, aquellas facultades del cerebro humano, tales como la lógica, el razonamiento, el lenguaje y la capacidad cognitiva de organizar el espacio y el tiempo, entre otras, las posibilidades del ser humano no se agotan en lo puramente racional y lógico. Desde tiempos remotos, y en diversas culturas, el ser humano ha manifestado la capacidad de vivenciar experiencias -llamadas en diversos ámbitos- "trascendentes".
Michel Odent afirma que "el acceso a la trascendencia implica de entrada una reducción de la actividad del neocórtex". El neocórtex, considerado la capa más reciente en la evolución del cerebro, colabora con las funciones cognitivas superiores. Odent señala que ciertas actividades pueden facilitar experiencias trascendentes: el orgasmo sexual, la creación de obras artísticas (pintura, música, poesía, baile, canto), así como el "chamanismo, el trance hipnótico, la plegaria, la meditación, el ayuno y las drogas psicodélicas", entre otras prácticas culturales y espirituales.
El ser humano parece capaz de generar estados emocionales o vivenciales intensos, asociados con modificaciones en el funcionamiento de las redes neuronales de la actividad cortical. Con frecuencia se registra una disminución de la actividad en algunas redes del neocórtex, así como también otras zonas cerebrales reorganizan su funcionamiento.
Quizás en vez de entrar en detalle sobre anatomía y funcionamiento del cerebro, lo importante sea apreciar que las experiencias ordinarias de la realidad se presentan principalmente en un orden físico-material, mientras que lo trascendente posee una impronta susceptible de desprenderse del mundo de la materia.
La "trascendencia" es un concepto algo más familiar para las filosofías de oriente que para las tradiciones de occidente. En esta última, la interpretación de la naturaleza de la realidad estuvo, durante gran parte de su historia, más arraigada a una concepción inmanente de la naturaleza: la realidad entendida como algo dado, objetivo y material. Los fundamentos epistemológicos de dicha perspectiva materialista se apoyan en las facultades racionales y lógicas del pensamiento.
Antes del aporte de la teoría de la relatividad a la ciencia moderna, los conceptos de tiempo y espacio en occidente estaban ligados a una concepción naturalista afín a un estado ordinario de conciencia, concepción que luego se reveló limitada para describir la realidad de la experiencia. En cambio, como señala Fritjof Capra, los místicos orientales relacionan las nociones de espacio y tiempo con estados particulares de conciencia, a los que acceden al ir más allá del estado ordinario mediante la meditación.
Es decir que, los místicos orientales por ejemplo, a través de la meditación accedían a estados no ordinarios de conciencia, ya intuían -previo al desarrollo de la física moderna en occidente- el tiempo y el espacio como categorías creadas por la mente, y no únicamente inherentes a la naturaleza. Como señala Fritjof Capra, “Los sabios orientales hablan también de una ampliación de su experiencia del mundo en estados de conciencia más elevados, y afirman que estos estados contienen una experiencia del tiempo y del espacio radicalmente diferente. No sólo afirman que en la meditación van más allá del espacio tridimensional ordinario, sino también -e incluso con más fuerza- que trascienden la conciencia ordinaria del tiempo. En lugar de una sucesión lineal de instantes, experimentan -según dicen- un presente infinito, eterno y, sin embargo, dinámico”.
Estas experiencias trascendentales vinculadas a diversas prácticas promueven modificaciones en la actividad cerebral. Sin embargo, su vivencia no se limita a lo estrictamente material del cerebro. Abre a un horizonte simbólico, cultural y espiritual de la existencia, reafirmando una dimensión esencial del ser humano que, en gran medida, ha sido olvidada y desacreditada.
Sería crucial considerar para estas experiencias la importancia del set y setting. Se trata, básicamente, de la intención que se tiene, los objetivos internos, así como el sostén que brinda el entorno, incluyendo la idoneidad y preparación mental de quien acompaña.
Inclusive en una práctica de meditación que no requiera de un acompañante, es necesaria cierta preparación. Puede incluir un ”para qué”, como mínimo disponer de un lugar tranquilo donde poder concentrarse en silencio, o incluso compenetrarse con música evocativa.
En definitiva, el contexto interpersonal e intrapersonal es parte constitutiva de la experiencia.
Estas experiencias no solo proporcionan cambios físicos y químicos en el cerebro, sino que también se deja entrever un ir más allá de lo estrictamente material, lo que podría describirse como el estadio trascendental de la vivencia.
Como señala Grof, “Existe un amplio conjunto de parámetros no farmacológicos a los que nos referimos como set y setting. […] El término set incluye las expectativas, motivaciones e intenciones del sujeto”. Este set también abarca aspectos del terapeuta, guía o facilitador, como su concepción sobre la experiencia y los objetivos acordados previamente, así como también “la preparación y programación, y la técnica del guía u orientación específica utilizada durante la experiencia”.
Por su parte, “el término setting se refiere al contexto o ambiente, tanto físico como interpersonal y a las circunstancias concretas” bajo las cuales se lleva a cabo la experiencia.
En definitiva, el set y setting no son elementos accesorios, sino condiciones esenciales que moldean la apertura hacia lo trascendental.
Desde que las neurociencias han podido computar y registrar los resultados de la actividad cerebral en expertos en meditación, se ha podido comprobar la diferencia hemodinámica del funcionamiento del cerebro cuando dicha actividad es practicada de manera intensiva. Sin embargo, la ciencia no logra corroborar los acontecimientos conscientes que ocurren, más allá de la verificación de los cambios físicos y químicos; las manifestaciones materiales, no abarcan la totalidad de la experiencia vivenciada en la meditación ni en otras actividades trascendentes. Como recuerda Rupert Sheldrake “El uso tradicional de drogas psicoactivas en ceremonias indígenas no tiene que ver precisamente con “viajes”, sino con la iniciación, sanación o toma de decisiones relativas a la tribu. […] El factor curativo en las ceremonias psicodélicas no es atribuible al mero efecto químico de la droga usada”. En definitiva, las experiencias trascendentales no se reducen al funcionamiento cerebral ni a la sustancia físico-química de los psicodélicos: las experiencias trascendentales, como indica la palabra, no pueden limitarse a una concepción de la existencia humana reducible a una perspectiva materialista, sino que revela su carácter integral, físico y espiritual.
Max Planck lo expresa con claridad: “La ciencia es incapaz de resolver el misterio último de la naturaleza. Y ello se debe, en un último análisis, a que nosotros mismos formamos parte de la naturaleza, y por tanto del misterio que estamos intentando resolver” [Ken Wilber].
Esta cita permite ampliar y complejizar el modo de conocer, abriendo la posibilidad de un interrogante sobre la naturaleza de la realidad: ¿Quién o qué intelige -entiende, conoce- a lo observado y al observador?
David Bohm sostiene que nuestras creencias son como una especie de rendijas por las cuales observamos la vida, los objetos, nuestras emociones y nuestros pensamientos, citando a Krishnamurti afirma: “El observador es lo observado”.
Esta paradoja, muestra la imposibilidad de separar sujeto y objeto, algo que no puede resolverse dentro del marco estrictamente materialista. Cuando se observan los pensamientos o las emociones, se genera una influencia recíproca entre ambos: cuando uno se transforma en observador el otro en observado y visceversa, influyéndose mutuamente dando lugar a bucles que no llegan a cerrarse por completo.
Así vuelve a emerger la pregunta: ¿Quién o qué intelige (entiende, conoce) a lo observado y al observador? El interrogante permanece abierto, y es precisamente lo que permite insinuar la conciencia como unidad irreductible.
El místico Sadhguru lo expresa de un modo elegante: En el momento en que te identificas con la naturaleza física el tiempo es un factor importante. Si te disocias de la naturaleza física...si te sientas aquí y tienes un poco de espacio entre tú y tu cuerpo físico...de repente, el tiempo no es un factor. Esta intuición señala lo que se puede llamar conciencia, como unidad por encima de lo individual, una experiencia trascendental más allá del tiempo y el espacio.
Si la conciencia es esa unidad irreductible, más allá del tiempo y el espacio, entonces se abren posibilidades extraordinarias para el devenir de la humanidad, y para la comprensión de la realidad misma. Pero mejor quizás sea dejar abierta la ventana al misterio, donde la luz del interrogante sea aquel calor que continúe cobijando al conocimiento: ¿Quién o qué intelige a lo observado y al observador?
Bibliografía
David Bohm - “Sobre el diálogo”
David Eagleman con Sadhguru Jaggi Vasudev (Entrevista).
Fritjof Capra – "El tao de la física"
Ken Wilber - “Cuestiones cuánticas”
Michel Odent – "Las funciones de los orgasmos"
Rupert Sheldrake – "Caminos para ir más allá"
Rupert Sheldrake – "La ciencia y las prácticas espirituales"
Stanislav Grof – "Psicoterapia con LSD"