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Honorarios

 

    Erich Fromm escribe (1), el ser humano (actualmente) “experimenta sus fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posibles en las condiciones imperantes del mercado”. Su felicidad consiste en divertirse, lo que significa “la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebida, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho”... “Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo”. Y agrega: La situación en la que atañe al amor corresponde, inevitablemente, al carácter social que reina en el ser humano en cuestión. Este ser humano así, no puede amar, más bien intercambiar elementos de su personalidad y “confiar en que la transacción sea equitativa”.

    ¿Qué intercambio es justo, cómo se mide y quién hace dicha medición/partición en tanto, “yo también quiero ganar”?

    Con la etimología de la palabra "honorarios" según el latín honorarius, con el sufijo ario (pertenencia), se puede entender en principio que dicho "concepto" sirve para honrar.

    Lacan afirma (2) que, el valor simbólico del dinero, hace intervenir la realidad en el análisis. Y agrega: "cuyo alcance se indica [...] respecto del lazo de la palabra con el don constituyente del intercambio primitivo". El lazo de la palabra con el don constituyente del intercambio primitivo. ¿A qué se refiere con intercambio primitivo?

    También es importante poder situar lo que se soslaya respecto de hacer intervenir la realidad en el análisis por el valor simbólico del dinero. Cosa que a su modo afirmaba Freud (3), mucho antes que Lacan, la ausencia de la regulación del pago resulta penosa para el tratamiento, "la relación toda se traslada fuera del mundo real". Si hablamos de realidad, de mundo real...vamos a contemplar también la existencia tanto de una realidad que, con cierta abstracción necesaria, se inscribe en un interior, la realidad psíquica.

    Respecto del "valor simbólico del dinero", cabe enlazar lo que se llamó recién "realidad psíquica" ya que, como menciona también Freud, el psicoanalista ha podido observar..."el dinero es un medio de sustento, también de obtención de poder y que en su estima intervienen poderosos factores sexuales". Los factores sexuales del adulto que intervienen en el dinero, son manifestaciones sintomáticas, formaciones del carácter, reacciones sublimatorias, en relación a la subsistencia inconsciente de una ecuación simbólica en la psiquis; sus elementos equivalentes y permutables son pene, niño, heces, regalo y dinero. Todo esto que se acaba de mencionar, pertenece a estratos del desarrollo infantil que continúan aún vivos de manera inconsciente en la vida adulta. Esto quiere decir, entre otras cosas, que el dinero, en cuestiones insospechadas para el sujeto, tiene un valor que simboliza representaciones inconscientes, concernientes a la dinámica de elementos significantes de su estructura psicosexual. Representaciones simbólicas pertenecientes en su origen al fulgor de una edad cronológica olvidada, cuyas significaciones permanecen -aún hoy existentes, no obstante reprimidas- formando los productos inconscientes, cuyas manifestaciones salen a la luz en diferentes formas.

    Freud afirma en la conferencia N.º 32 "Es imposible orientarse en las fantasías - las ocurrencias influidas por lo inconsciente— y en el lenguaje sintomático del ser humano si no se conocen estos profundos nexos. Caca-dinero-regalo-hijo-pene son tratados aquí como equivalentes y aun subrogados mediante símbolos comunes". El psicoanalista va a tratar las relaciones monetarias ante el paciente con la misma natural sinceridad en que se pretende hablar de los asuntos de la vida sexual. Es decir que, el trato que el paciente haga respecto al dinero va a ser parte del trabajo terapéutico, porque ese trato está relacionado con procesos/complejos de ideas internos, cosa que es objeto del tratamiento (como muchos otros), lo que no puede quedar por fuera. Es parte de la sesión misma y deberá problematizarse, aunque más bien no esté en cuestión por el sujeto mismo, más allá de que de algún modo u otro estime el dinero...

   Se confirma, sostiene Sandor Ferenczi (4): "el origen filogenético de los símbolos, que se presentan en la vida mental de cada individuo como un precipitado de las experiencias de generaciones previas". Comienza a situar que, el desarrollo individual ontogénico del interés por el dinero encuentra un paralelismo filogenético, con su desarrollo del símbolo dinero en la especie humana en general. 

    Anticipa afirmando que, para la producción de un símbolo se necesita no solo de las experiencias individuales sino también de una disposición congénita. Y cita a Freud: "Donde ha prevalecido o aún prevalece el arcaico modo de pensar, en las viejas civilizaciones, en los mitos, cuentos de hadas, supersticiones, en el pensamiento inconsciente de los sueños y en las neurosis, el dinero está en estrecha relación con la suciedad".

    Cómo el sujeto se relaciona con el dinero, es un precipitado de lo que prevalece en la relación con el contenido inconsciente de los elementos enlazados a la ecuación recién mencionada (ejemplo dinero=heces). Las formas de comportamiento, presentan variedad de matices en los diferentes sujetos. No obstante en rasgos generales se presenta la tacañería, la avaricia, la mezquindad, como formas de conservar "algo preciado" para el yo, lo que "implicaría una pérdida si lo doy". En contraparte, el dinero también puede funcionar como fetiche, obsérvese la ostentación, a nivel fálico...tapando como un velo imaginario aquello que de lo contrario produciría una angustia insostenible por la presentificación del agujero que asoma desde lo real. Las palabras también aparecen contenidas, guardadas, como en la acumulación del dinero, sea poco o mucho también se guarda, la miseria neurótica actúa como si dijese "me lo guardo para mí", o también las veces manifestándose en períodos de "retención" para luego en una contrapartida de abruptas deposiciones. Algo similar puede suceder con las emociones, se contienen, hasta que sobrevienen estallidos sentimentales. Se pone de relieve el principio de placer, conforme a un autoerotismo de placer inconsciente por retener (o narcisismo, vuelta pulsional hacia uno mismo), en donde en dicho complejo, el dinero al ser tomado como una parte de uno mismo y de preciado interés, si por alguna cuestión debe "entregarse" se vive este acto como una pérdida (castración) – un arrancar de sí. Se retiene como placer autoerótico (procrastinación) y aparece la promesa de un gran placer futuro cuando advenga la "gran evacuación"...

    Una tal complejidad del desarrollo psicológico de todo ser humano, pone de relieve un contrapunto individual en tanto vivencias, por un lado y un innatismo, por otro. Es decir, las experiencias que el sujeto haya experimentado a lo largo de su vida, tienen su complemento en un innatismo que se hereda - precipitado de las experiencias de generaciones previas. Y esto no es únicamente para el símbolo dinero, sino que habría que pensarlo para con la disposición estructural en general de la psique de cada persona. Sería importante aclarar, hay que discernir, el individuo presenta un innatismo con relación estrecha a las generaciones ascendientes en su familia, con sus ancestros o si se quiere con su raza. Aunque el simbolismo al cual se hace referencia en este escrito, también tiene injerencia con lo perteneciente a un legado de la humanidad en general, un legado trascendente al individuo, la filogénesis, precisamente en lo tocante a "los símbolos", cosa que se relaciona con lo mencionado aunque también excede las actuales pretensiones.

    "A propósito del pago de los honorarios en el análisis [...] no es sino una ilustración particular de la equivalencia permanente de todos los objetos atrapados en lo que es una especie de mercado, el metabolismo de los objetos en los síntomas". Lacan (6).

    Lacan afirma (5) "el dinero no sirve simplemente para comprar objetos, sino que los precios, [...]tienen por función amortizar algo infinitamente más peligroso que el pagar con moneda: deberle algo a alguien". Y con esto vuelve a insistir la cuestión arriba mencionada del "intercambio". Pues, quién está "allí hablando", lo intenta sacralizando verdades de naturaleza íntima. Entonces, ¿Qué es aquello que, de un lado o del otro, el dinero no puede reducir? O a la inversa, ¿el dinero es capaz de reducir todo intercambio a un bien de mercado?

    En párrafos atrás, se mencionaba un "intercambio primitivo", se puede agregar ahora, si hay un comienzo es aquel que, está relacionado con los albores de un toma y daca del sujeto con la madre, aquel ser primordial.

    El concepto de honorarios –profundizando aún un poco más- en la idea de que, el saber es "precio de la renuncia al goce" (7). Lacan agrega, no toda renuncia al goce se hace por el trabajo... El sufrimiento gozoso para remitir esa realidad psíquica a instancias de una sapienza del malestar, sería equitativa al deseo de "saber lo que me pasa". Aquel mercado de síntomas, en el cuál el dinero es un elemento más, se hace eco en la sesión, de manera que el dinero no vale para sí mismo como un equivalente. Es irreductible.


    "El gasto en dinero que el psicoanálisis importa es sólo en apariencia desmedido. Prescindamos por entero de que salud y productividad, por un lado, y un moderado desembolso monetario, por el otro, son absolutamente inconmensurables: si computamos en total los incesantes costos de sanatorios y tratamiento médico, y les contraponemos el incremento de la productividad y de la capacidad de procurarse el sustento que resultan de una cura analítica exitosa, es lícito decir que los enfermos han hecho un buen negocio. No hay en la vida nada más costoso que la enfermedad y...la estupidez". 

Sigmund Freud.



  1. (1) Erich Fromm - "El arte de amar"

  2. (2) Lacan - "Campo y funcion de la palabra"

  3. (3) Freud - "Iniciación del tratamiento"

  4. (4) Ferenczi - "Ontogénesis del dinero"

  5. (5) Lacan - Seminario 2 "El yo en la teoría de Freud"

  6. (6) Lacan - Seminario 8 "La transferencia"

  7. (7) Lacan - Seminario 16 "De un otro al otro"

  8. (8) Freud - "Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis - Conferencia Nº 32 (Angustia y vida pulsional)"





El amor, el amar.

    El amor. Es una cuestión inmemorial que el ser humano hasta la actualidad no ha podido "conquistar". Es decir, en trascendencia con todos los tiempos y épocas, el amor se ha convertido en una problemática fundamental. Que no se haya podido comprender y sigan las dificultades al respecto, sea por ese afán de conquista que subyace a la obtención irracional de poderío ilimitado y a su consecuente aniquilamiento recíproco (en contraposición a lo que sería el amor), quizás sea el porqué la humanidad siga sin poder saborear aún verdaderamente ese manjar de los dioses. Más por ello, se requiere fe. Como afirma Erich Fromm "la práctica del arte de amar requiere la práctica de la fe".
    Más allá de las teorías, los métodos, la técnica y el saber epistemológico (y otros saberes) que el psicólogo pueda poner a disposición del servicio terapéutico que brinda, es de importancia principal el hecho de considerar la disposición (energética) que en potencia se encuentra en la persona que realiza la consulta. 
  Ante "el interrogante de si en el comienzo del tratamiento los pacientes son capaces de una auténtica transferencia positiva". Por "auténtica" se entiende una relación genuina y no ambivalente, "que pueda suministrar la base para una ligazón lo suficientemente fuerte con el analista como para capear las tormentas del análisis", es decir, si el paciente es capaz de contar con su propia energía vital positiva como para hacer funcionar adecuadamente el proceso que inicia. Wilhelm Reich respondía a este interrogante, negativamente: "No existe en las fases primeras del análisis autentica transferencia positiva. Más aún, no puede haberla", dicho en términos generales, debido a las mismas problemáticas que el paciente acusa en su sufrimiento. Es importante seguir el hilo del interrogante, que plantea la posibilidad (o no) del paciente, de hacer surgir (emerger) su energía vital (libido, la transferencia), en el inicio de un tratamiento para su propio bienestar. Como se adelantó, hay en principio una imposibilidad, prerrequisito del sufrimiento y malestar, entonces por qué sería la excepción la sesión terapéutica (puede sostenerse como interrogante). En cierto modo, de hecho esa posibilidad existente, es cualitativa y cuantitativamente mensurable y relativa a cada individuo.
    En el fondo -como todas las personas- teniendo en cuenta la problemática específica que presente cada uno como puntapié, el sufrimiento en primera y última instancia tiene que ver con el amor (con el amar). Y esas mismas dificultades y potencialidades con respecto a ese acto, son las que se ponen en juego a fin de cuentas en sus propias sesiones, en su propio espacio terapéutico.
    Erich Fromm vuelve a plantear algo de lo más destacable: "Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar"; para la necedad y la ceguera, el alcance de esta frase, será tan solo una frase más, o algo sobreentendido. Y se obviará que aquí es donde se encuentra el nudo gordiano, el quid de la cuestión. Continúa diciendo, la gente cree que amar es sencillo y lo difícil es encontrar la persona apropiada. El problema del amor no está en un objeto sino más bien en la facultad. Es decir no en la cosa, sino en la capacidad de amar, en el hecho puesto en ejercicio constante, en el acto de amar y no en el blanco al cual apunto, salvo que el objetivo sea el amor en sí (el amar).
    El amor, entonces, sería una facultad de hacer funcionar la cosa. Solo aquellas personas que realmente tengan en su carácter y estructura psíquica, la posibilidad potencial de transferir en el espacio terapéutico su propia energía vital, y así desprenderla de su propio narcisismo (yo) sin derrumbarse, serán aquellas que puedan hacer funcionar su propio espacio de cura.
    Jung afirma: "La resistencia al amor engendra la incapacidad de amar, o esa incapacidad actúa como obstáculo. Al igual que la libido se asemeja a una corriente constante que hace desembocar su agua en el mundo de la realidad, la resistencia se asemeja a una contracorriente que en vez de fluir hacia la desembocadura fluye hacia la fuente". La libido sería esa energía biopsicológica vital que puede desembocar no solo en el proceso terapéutico, sino en todo lo que conlleva dar de sí mismo en la realidad, es decir, en el trabajo, en el estudio, el deporte, el arte, y también en lo afectivo, sentimental, y en el propio acto sexual, etc. Entonces, todo lo que se oponga a ello (interna o externamente), se presenta como un obstáculo que trae aparejado sufrimiento, angustia, odio, enfermedad. Esa energía libidinal, si causa problemas es porque queda lo suficientemente enclaustrada en el cuerpo y en la psiquis. "Fluye hacia la fuente", quiere decir en parte que, vuelve de dónde proviene o de dónde nunca a podido partir esa energía, lisa y llanamente de la persona, no puede esa energía liberarse y ponerse al servicio de producir en la realidad, se confina en el cuerpo, transformada en angustia, en odio, en fantasías, mora en los oscuros contenidos inconscientes, prima la neurosis, el sufrimiento. Si profundizamos por esta vía de reflexión, hablar de fuente es hablar también de origen. No sería sencillamente hablar de la propia persona (en tanto carácter, mentalidad, personalidad o cuerpo), sino que la fuente y el origen es una alusión al desarrollo ontogénico de esa persona, al propio desarrollo de su ser, y esto pone de relieve al ser como engendrado, por alguien. Es necesario recordar que, estamos hablando del amor, del amar.
    En resumen, la capacidad del paciente para sobrellevar adecuadamente el proceso que inicia, es fundamental, ese acto potencial de amar, de transferir, esa economía libidinal, plasticidad de su capacidad estructural de investir objetos, cosas, actividades, personas, es de importancia necesaria. Como instancia a priori, para que la persona pueda ser consecuente con su propio espacio terapéutico, hacerlo funcionar (y hacer funcionar al fin y al cabo su propia vida). Lo que significa, a su vez, disolver los conflictos inconscientes (lo no sabido) que encapsulan y fijan esa energía que no está ligada a instancias de vida saludable sino a huellas regresivas del desarrollo. Los conflictos internos como los externos, procuran obstáculos que imposibilitan el acto de amar (como facultad vital caracterológica y del cuerpo) conforme a la realidad. Lo que conlleva como se ha dicho, sufrimiento, angustia, odio, los propios síntomas y malestares de las diversas enfermedades psicobiológicas. 
    El amor y la verdad curan.



"El que ama, se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo". Sigmund Freud.




CONTACTO

Psicólogo Psicoanalista Juan Franco Bottazzi (Nº Mat. 7895) 0341-153116111 - Lunes a Viernes  de 8 - 20hs ROSARIO, SANTA FE. ARGENTINA.