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Desgarradura del Yo

 

«En lo alto del cielo he buscado la fuente
de la predestinación, el Paraíso y el Infierno.
Habló entonces mi maestro y dijo: “Amigo,
los hados, el Paraíso y el Infierno
solo existen dentro de ti”».

Omar Khayyam. Citado en
Problemáticas y métodos del psicoanálisis,
Sándor Ferenczi.



Escisión del Yo, series complementarias y transgeneracional



Series complementarias

    Entre 1916 y 1917, Sigmund Freud enuncia en la conferencia Los caminos para la formación de síntomas un esquema donde ubicar los caminos —valga la redundancia— que llevan en sí las huellas de la enfermedad. Es lo que llama series complementarias.

    En resumidas cuentas, por un lado está el vivenciar traumático de la vida adulta, y por otro, la predisposición. Esta última se ramifica a su vez en dos series más: vivenciar infantil (fijación de la libido) y vivenciar prehistórico. En esta conferencia, Freud también va a trabajar, entre otras cosas, tres conceptos importantes: fantasías primordiales o protofantasías, realidad psíquica y factor cuantitativo.

    Entonces, podríamos decir que, para la aparición de una enfermedad en la vida de una persona, no solamente se encuentran los acontecimientos desencadenantes a lo largo de su vida adulta —situaciones estresantes y traumáticas, movilizadoras, dolorosas, inasimilables— También existe una predisposición a enfermar, una labilidad proveniente de la vida infantil producto de la fijación de la libido en zonas erógenas particulares en el recorrido de su desarrollo; y nos encontramos también con un origen estructurante aún más arcaico, un vivenciar prehistórico, podríamos decir: “la carga del legado ancestral”.

    Siguiendo la misma línea de trabajo, Freud, en la misma conferencia, contrapone la realidad material y la realidad psíquica, asumiendo que los síntomas son figuraciones, unas veces de esta, otras veces de aquella. Aún da un paso más.

    Las protofantasías serían: castración, seducción y escena primaria, las cuales se definen como un patrimonio filogenético. Serían contenido psíquico transversal a la especie humana, que se pone a disposición en el presente; se actualiza ese contenido cuando “el individuo rebasa su vivenciar propio hacia el vivenciar de la prehistoria”. Y agrega: “el niño fantaseador no ha hecho más que llenar las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica”.

    Y, por último, un factor determinante en la formación de síntomas: la condición de naturaleza cuantitativa, o lo que es llamado en la obra freudiana el punto de vista económico. Es como decir: “algo” en la historia biográfica de la persona que enferma funciona como un atractor inconsciente; también se podría decir que allí hubo o hay fijación.

    Ese “algo” debe presentar una cantidad suficiente, una magnitud energética considerable, para funcionar como factor etiológico: proveniente de la realidad material, desde la realidad psíquica, del vivenciar adulto, del vivenciar infantil o incluso del vivenciar ancestral. Y, diríamos mejor, de una mezcla de varias circunstancias.

Escisión del Yo

    Hay que introducir una noción que hará de puente para lo que vendrá más adelante. Tomando las páginas 203-206 de Esquema de psicoanálisis y el texto publicado de manera póstuma La escisión del Yo en el proceso defensivo, como indica el título de este último, se trata de una noción de ruptura de la psiquis.

    Más bien, de la desgarradura del Yo como consecuencia de una modalidad de respuesta ante la demanda metabólica que exige, en algunas circunstancias, el choque de la realidad material; o también la exigencia puede estar dada por la realidad psíquica.

    Para ser más preciso al respecto, el Yo responde con una fractura cuando hay un conflicto tal que la realidad externa y la realidad interna entran en tensión exacerbada.

    La escisión del Yo como mecanismo defensivo es una consecuencia paradójica: un modo de respuesta dual que conforma a la vez cada plano de las dos realidades, a costa de una desgarradura.

    La condición del factor cuantitativo antes mencionada, y la consecuencia de desgarramiento del Yo como proceso de respuesta defensiva ante la situación de conflicto, configuran un panorama adecuado para hablar de algo que se acerca más a un estado patológico.

    Ahora bien, Freud aborda el proceder del aparato psíquico mediante tres aspectos principales: tópico, dinámico y económico. Lo que se conoce como metapsicología.

    El factor económico está en relación con la cantidad de energía que suscitan los procesos anímicos, qué intensidad tienen. Lo dinámico sería cómo un juego de fuerzas genera el conflicto, la contraposición de intereses. Y, por último, el factor tópico, el dónde (Inconsciente, Preconsciente, Consciente – Ello, Yo, Superyó).

    La presentificación de esta desgarradura en el Yo, metapsicológicamente, ¿qué implica esta escisión?

    La escisión del Yo, como mecanismo defensivo, no solo está articulada en las psicosis, perversiones y neurosis, sino que también es un proceso que se pone en juego en un funcionamiento, de algún modo, equilibrado del aparato psíquico. Ferenczi: “según la doctrina psicoanalítica, no hay diferencia fundamental entre «normalidad» y neurosis. Sabemos por Freud que «las neurosis no poseen un contenido psíquico característico, específico y exclusivo». Y según la fórmula de Jung, la enfermedad de los neuróticos está provocada por los mismos complejos que todos afrontamos. Añadamos que la diferencia se sitúa esencialmente sobre el plano cuantitativo, práctico” (VII. “Transferencia e introyección”).

Legado ancestral

    Hay que poder hacer el ejercicio de presentificar la existencia del individuo humano perteneciente a una red compleja formada por otros individuos humanos cercanos; en este caso, particularmente, la referencia está dada por el sistema familiar. No solamente el individuo está atravesado por las complejas huellas de su vida biográfica, sino que, de algún modo u otro, no se puede escapar tan fácilmente a los influjos conscientes e inconscientes de las huellas y recovecos dejados por los ancestros de su clan.

    Hay siempre un legado, quiérase o no, una trans-misión (como si esta además fuese parte de un mecanismo más amplio propio de la especie). Es decir que habría, en principio, dos estatutos de transmisibilidad que cabría diferenciar: por un lado, un legado familiar transgeneracional; y por otro, un nivel de trans-misión filogenética, de la especie humana. Y ambas cuestiones habría que poder concebirlas más allá de la etiología patológica.

    En referencia a los primeros vínculos y a lo transmisible, en el libro La corteza y el núcleo se encuentra la siguiente cita, por lo demás bastante contundente: «el decir enterrado de un progenitor se vuelve en el niño un muerto sin sepultura. Este fantasma desconocido retorna entonces desde el inconsciente y ejerce su acoso induciendo fobias, locuras, obsesiones. Su efecto puede llegar a atravesar generaciones y determinar el destino de una genealogía».

    Con el apoyo del esquema de las series complementarias, se puede entender que las problemáticas acaecidas en la vida de un individuo no siempre radican en su origen en el desarrollo exclusivo de la vida biográfica adulta, sino que más bien suelen encontrarse fijaciones libidinales en la edad infantil, conflictos incluso perinatales o gestacionales, y más allá aún, huellas de traumas o conflictos heredados, nucleados hoy dentro del Yo.

    “El conflicto sobrevenido en el seno de una generación nunca aparece resuelto de manera transmisible en esta, sino solamente en las generaciones ulteriores”.
Nicolas Abraham.

    Pertenecen muchas veces estas problemáticas a una historia familiar oculta, negada a fuerza defensiva por el dolor incipiente de los acontecimientos. Como sintomático y patológico, aún viven aquellos secretos en los descendientes a modo fantasmático, extraños a uno mismo. Presentes y ocultos a la vez. Como si fuese una onda expansiva transversal a los individuos del clan, que se replica a través del tiempo como patrones constituyentes de un legado siempre listo para develarse y ocultarse al mismo tiempo.

    Otra frase potente de La corteza y el núcleo pone de relieve esta especie de continuidad: «el inconsciente materno está contenido en la palabra del niño según la modalidad del fantasma». El niño expresaría no solamente en palabras, sino también en su conducta, en sus gestos, en sus síntomas, de qué modo trunco está inscripto en el “psiquismo del sistema familiar” aquello que ha permanecido en el silencio de lo no simbolizado, de lo negado e incluso muchas veces de lo no pensado. Dramas dolorosos, vergonzosos e inasimilables.

    ¿Y qué posibilidad tiene un miembro del clan familiar de hacer algo con “eso”? ¿Qué es lo que se puede hacer? Quizás simplemente empezar, ni más ni menos. Empezar a saber qué es o fue “eso” puede ser un primer paso.

    Ferenczi, en Thalassa, converge con Freud en una idea fundamental: la repetición como intento de ligar lo traumático. Cuando un hecho traumático no ha podido ser metabolizado ni simbolizado, retorna de manera inconsciente bajo formas diversas —síntomas, conductas, enfermedades— como un esfuerzo fallido de tramitar aquello que no encontró sepultura digna.

    Lo que llamamos herencia, plantea Ferenczi, sería en parte la transferencia a los descendientes de esa tarea pendiente: liquidar los traumatismos que cada generación no pudo resolver. Y cada existencia individual, al vivirlos, elimina una porción de esa carga.

    Como si los miembros del clan familiar, a través de la repetición puesta en juego en síntomas, enfermedades psíquicas y orgánicas, situaciones peligrosas y riesgosas para la vida, internaciones, pérdidas de trabajo, quiebras económicas, enfermedades psicosomáticas, crisis espirituales, muertes repentinas, etc., pusieran a disposición un intento fallido de tramitar los hechos traumáticos no resueltos en generaciones anteriores.

    “Los secretos de familia son asuntos candentes. [...] Y pasan de mano en mano, cada mano quemándose en el proceso, de generación en generación. En cierto modo, crean una división de la personalidad: una parte que sabe y una parte que no quiere o no puede saber” (Anne Ancelin Schützenberger).

[...]

Apertura de cierre

    En este escrito se trazó un camino sobre la complejidad puesta en juego para la formación de ciertas problemáticas o enfermedades. Una mayor profundización y delimitación entre filogénesis y transgeneracional exceden el marco de este. Así como los conceptos de cripta y fantasma, originalmente citados en el libro de Nicolas Abraham y María Torok. Igualmente las fantasías primordiales quedan aquí como excedentes y pendientes de un desarrollo más amplio. También se mencionan: realidad material, realidad psíquica, conflictos, traumas, metapsicologíaSe ha considerado como uno de los ejes principales las series complementarias. Un segundo eje importante ha sido la escisión del Yo (como mecanismo de defensa). Y por último y no menos importante, el tercer eje como factor cuantitativo.

    Las formaciones de los síntomas exigen que se abandone la forma de pensar sobre la base de un paradigma simplista. No se trata de buscar en acontecimientos actuales ni tampoco en un pasado infantil aislado. Cada sujeto es particular en su forma de metabolizar los acontecimientos de su biografía, los años infantiles, las fijaciones, los conflictos no resueltos, la intensidad de los impactos emocionales; y, en muchos casos, es necesario trabajar con los contenidos ancestrales, con el entramado familiar secreto que todavía no ha encontrado palabras.

    Freud afirmaba: “el yo no es dueño en su propia casa”, aludiendo a la existencia de poderes y fuerzas inconscientes que influían fuertemente en la cotidianeidad a costa del interés voluntario de controlar la propia vida. La escisión del Yo muestra que no hay en el psiquismo una pureza homogénea, sino que hay hiancias, en donde, por ejemplo, se puede sostener simultáneamente un saber y, al mismo tiempo, un desconocimiento, el contenido ignorado se encapsula y se generan enfermedades u otras manifestaciones dolorosas para la vida anímica.

    Muchas veces un síntoma puede tomar expresión en el presente pero tener su origen en circunstancias propias o heredadas que no han podido ser suficientemente elaboradas. Y allí toma fuerza la repetición como mecanismo de retorno de “eso” que busca de manera insistente ser escuchado, ser visto, ser simbolizado, aunque el secreto también, en su esencia, quiera permanecer oculto.

    Entonces el desafío puede estar en la apertura —o no— de un trabajo psicoterapéutico: saber de la insistencia de la repetición e instaurar la posibilidad de situar palabras donde hubo silencio.





Bibliografía

  • Sigmund Freud - Conferencia 23, "Caminos para la formación de síntomas"

  • Sigmund Freud - "Escisión del Yo como mecanismo de defensa"

  • Sigmund Freud - "Esquema del Psicoanálisis"

  • Sándor Ferenczi - "Problemáticas y métodos del psicoanálisis"

  • Sándor Ferenczi - "Transferencia e Introyección"

  • Sándor Ferenczi - "Thalassa"

  • Sándor Ferenczi - "La introyección en la neurosis"

  • Nicolas Abraham y María Torok - "La corteza y el núcleo"

  • Anne Ancelin Schützenberger - "Genealogía"










La manifestación de la psique

 


Por su puesto,

todos soñamos por regla general varias veces cada noche,

aunque luego no nos acordemos.

En nuestros sueños,

habitamos mundos luminosos que no hemos creado a conciencia,

y algunas personas viven en ellos cosas muy intensas”.

Rupert Sheldrake.



¿Cuánta luz ha de ingresar por la ventana?

Si aquella luz sería metáfora de epifanía...no sería incorrecto de todos modos, aquella mesura necesaria, que puede uno llegar a representarse en cuanto a un oso devora empalagado la miel de un panal de abejas.

El velo se correrá pues si el frío de las habitaciones lo amerita, y se ajustará si el calor ya se ha adentrado lo suficiente. Si aquella luz revela mí ser...es decir, si aquella luz se revela, ya no habrá diferencia. Una luz ha de ser la que habita cada ventana, solo una.


La manifestación de la mente, el alma y la conciencia

    Si bien en la historia del desarrollo del conocimiento científico – y en particular en el marco de la ciencia cognitiva- se han estudiado las llamadas funciones cognitivas superiores, es decir, aquellas facultades del cerebro humano, tales como la lógica, el razonamiento, el lenguaje y la capacidad cognitiva de organizar el espacio y el tiempo, entre otras, las posibilidades del ser humano no se agotan en lo puramente racional y lógico. Desde tiempos remotos, y en diversas culturas, el ser humano ha manifestado la capacidad de vivenciar experiencias -llamadas en diversos ámbitos- "trascendentes".

    Michel Odent afirma que "el acceso a la trascendencia implica de entrada una reducción de la actividad del neocórtex". El neocórtex, considerado la capa más reciente en la evolución del cerebro, colabora con las funciones cognitivas superiores. Odent señala que ciertas actividades pueden facilitar experiencias trascendentes: el orgasmo sexual, la creación de obras artísticas (pintura, música, poesía, baile, canto), así como el "chamanismo, el trance hipnótico, la plegaria, la meditación, el ayuno y las drogas psicodélicas", entre otras prácticas culturales y espirituales.

    El ser humano parece capaz de generar estados emocionales o vivenciales intensos, asociados con modificaciones en el funcionamiento de las redes neuronales de la actividad cortical. Con frecuencia se registra una disminución de la actividad en algunas redes del neocórtex, así como también otras zonas cerebrales reorganizan su funcionamiento.

    Quizás en vez de entrar en detalle sobre anatomía y funcionamiento del cerebro, lo importante sea apreciar que las experiencias ordinarias de la realidad se presentan principalmente en un orden físico-material, mientras que lo trascendente posee una impronta susceptible de desprenderse del mundo de la materia.

    La "trascendencia" es un concepto algo más familiar para las filosofías de oriente que para las tradiciones de occidente. En esta última, la interpretación de la naturaleza de la realidad estuvo, durante gran parte de su historia, más arraigada a una concepción inmanente de la naturaleza: la realidad entendida como algo dado, objetivo y material. Los fundamentos epistemológicos de dicha perspectiva materialista se apoyan en las facultades racionales y lógicas del pensamiento.

    Antes del aporte de la teoría de la relatividad a la ciencia moderna, los conceptos de tiempo y espacio en occidente estaban ligados a una concepción naturalista afín a un estado ordinario de conciencia, concepción que luego se reveló limitada para describir la realidad de la experiencia. En cambio, como señala Fritjof Capra, los místicos orientales relacionan las nociones de espacio y tiempo con estados particulares de conciencia, a los que acceden al ir más allá del estado ordinario mediante la meditación.

    Es decir que, los místicos orientales por ejemplo, a través de la meditación accedían a estados no ordinarios de conciencia, ya intuían -previo al desarrollo de la física moderna en occidente- el tiempo y el espacio como categorías creadas por la mente, y no únicamente inherentes a la naturaleza. Como señala Fritjof Capra, “Los sabios orientales hablan también de una ampliación de su experiencia del mundo en estados de conciencia más elevados, y afirman que estos estados contienen una experiencia del tiempo y del espacio radicalmente diferente. No sólo afirman que en la meditación van más allá del espacio tridimensional ordinario, sino también -e incluso con más fuerza- que trascienden la conciencia ordinaria del tiempo. En lugar de una sucesión lineal de instantes, experimentan -según dicen- un presente infinito, eterno y, sin embargo, dinámico”.

    Estas experiencias trascendentales vinculadas a diversas prácticas promueven modificaciones en la actividad cerebral. Sin embargo, su vivencia no se limita a lo estrictamente material del cerebro. Abre a un horizonte simbólico, cultural y espiritual de la existencia, reafirmando una dimensión esencial del ser humano que, en gran medida, ha sido olvidada y desacreditada.

    Sería crucial considerar para estas experiencias la importancia del set y setting. Se trata, básicamente, de la intención que se tiene, los objetivos internos, así como el sostén que brinda el entorno, incluyendo la idoneidad y preparación mental de quien acompaña.

    Inclusive en una práctica de meditación que no requiera de un acompañante, es necesaria cierta preparación. Puede incluir un ”para qué”, como mínimo disponer de un lugar tranquilo donde poder concentrarse en silencio, o incluso compenetrarse con música evocativa.

    En definitiva, el contexto interpersonal e intrapersonal es parte constitutiva de la experiencia.

    Estas experiencias no solo proporcionan cambios físicos y químicos en el cerebro, sino que también se deja entrever un ir más allá de lo estrictamente material, lo que podría describirse como el estadio trascendental de la vivencia.

    Como señala Grof, “Existe un amplio conjunto de parámetros no farmacológicos a los que nos referimos como set y setting. […] El término set incluye las expectativas, motivaciones e intenciones del sujeto”. Este set también abarca aspectos del terapeuta, guía o facilitador, como su concepción sobre la experiencia y los objetivos acordados previamente, así como también “la preparación y programación, y la técnica del guía u orientación específica utilizada durante la experiencia”.

    Por su parte, “el término setting se refiere al contexto o ambiente, tanto físico como interpersonal y a las circunstancias concretas” bajo las cuales se lleva a cabo la experiencia.

    En definitiva, el set y setting no son elementos accesorios, sino condiciones esenciales que moldean la apertura hacia lo trascendental.

    Desde que las neurociencias han podido computar y registrar los resultados de la actividad cerebral en expertos en meditación, se ha podido comprobar la diferencia hemodinámica del funcionamiento del cerebro cuando dicha actividad es practicada de manera intensiva. Sin embargo, la ciencia no logra corroborar los acontecimientos conscientes que ocurren, más allá de la verificación de los cambios físicos y químicos; las manifestaciones materiales, no abarcan la totalidad de la experiencia vivenciada en la meditación ni en otras actividades trascendentes. Como recuerda Rupert Sheldrake “El uso tradicional de drogas psicoactivas en ceremonias indígenas no tiene que ver precisamente con “viajes”, sino con la iniciación, sanación o toma de decisiones relativas a la tribu. […] El factor curativo en las ceremonias psicodélicas no es atribuible al mero efecto químico de la droga usada”. En definitiva, las experiencias trascendentales no se reducen al funcionamiento cerebral ni a la sustancia físico-química de los psicodélicos: las experiencias trascendentales, como indica la palabra, no pueden limitarse a una concepción de la existencia humana reducible a una perspectiva materialista, sino que revela su carácter integral, físico y espiritual.

    Max Planck lo expresa con claridad: “La ciencia es incapaz de resolver el misterio último de la naturaleza. Y ello se debe, en un último análisis, a que nosotros mismos formamos parte de la naturaleza, y por tanto del misterio que estamos intentando resolver” [Ken Wilber].

    Esta cita permite ampliar y complejizar el modo de conocer, abriendo la posibilidad de un interrogante sobre la naturaleza de la realidad: ¿Quién o qué intelige -entiende, conoce- a lo observado y al observador?

    David Bohm sostiene que nuestras creencias son como una especie de rendijas por las cuales observamos la vida, los objetos, nuestras emociones y nuestros pensamientos, citando a Krishnamurti afirma: “El observador es lo observado”.

    Esta paradoja, muestra la imposibilidad de separar sujeto y objeto, algo que no puede resolverse dentro del marco estrictamente materialista. Cuando se observan los pensamientos o las emociones, se genera una influencia recíproca entre ambos: cuando uno se transforma en observador el otro en observado y visceversa, influyéndose mutuamente dando lugar a bucles que no llegan a cerrarse por completo.

    Así vuelve a emerger la pregunta: ¿Quién o qué intelige (entiende, conoce) a lo observado y al observador? El interrogante permanece abierto, y es precisamente lo que permite insinuar la conciencia como unidad irreductible.

    El místico Sadhguru lo expresa de un modo elegante: En el momento en que te identificas con la naturaleza física el tiempo es un factor importante. Si te disocias de la naturaleza física...si te sientas aquí y tienes un poco de espacio entre tú y tu cuerpo físico...de repente, el tiempo no es un factor. Esta intuición señala lo que se puede llamar conciencia, como unidad por encima de lo individual, una experiencia trascendental más allá del tiempo y el espacio.

    Si la conciencia es esa unidad irreductible, más allá del tiempo y el espacio, entonces se abren posibilidades extraordinarias para el devenir de la humanidad, y para la comprensión de la realidad misma. Pero mejor quizás sea dejar abierta la ventana al misterio, donde la luz del interrogante sea aquel calor que continúe cobijando al conocimiento: ¿Quién o qué intelige a lo observado y al observador?



Bibliografía

  • David Bohm - “Sobre el diálogo”

  • David Eagleman con Sadhguru Jaggi Vasudev (Entrevista).

  • Fritjof Capra – "El tao de la física"

  • Ken Wilber - “Cuestiones cuánticas”

  • Michel Odent – "Las funciones de los orgasmos"

  • Rupert Sheldrake – "Caminos para ir más allá"

  • Rupert Sheldrake – "La ciencia y las prácticas espirituales"

  • Stanislav Grof – "Psicoterapia con LSD"




El amor, el amar.

    El amor. Es una cuestión inmemorial que el ser humano hasta la actualidad no ha podido "conquistar". Es decir, en trascendencia con todos los tiempos y épocas, el amor se ha convertido en una problemática fundamental. Que no se haya podido comprender y sigan las dificultades al respecto, sea por ese afán de conquista que subyace a la obtención irracional de poderío ilimitado y a su consecuente aniquilamiento recíproco (en contraposición a lo que sería el amor), quizás sea el porqué la humanidad siga sin poder saborear aún verdaderamente ese manjar de los dioses. Más por ello, se requiere fe. Como afirma Erich Fromm "la práctica del arte de amar requiere la práctica de la fe".
    Más allá de las teorías, los métodos, la técnica y el saber epistemológico (y otros saberes) que el psicólogo pueda poner a disposición del servicio terapéutico que brinda, es de importancia principal el hecho de considerar la disposición (energética) que en potencia se encuentra en la persona que realiza la consulta. 
  Ante "el interrogante de si en el comienzo del tratamiento los pacientes son capaces de una auténtica transferencia positiva". Por "auténtica" se entiende una relación genuina y no ambivalente, "que pueda suministrar la base para una ligazón lo suficientemente fuerte con el analista como para capear las tormentas del análisis", es decir, si el paciente es capaz de contar con su propia energía vital positiva como para hacer funcionar adecuadamente el proceso que inicia. Wilhelm Reich respondía a este interrogante, negativamente: "No existe en las fases primeras del análisis autentica transferencia positiva. Más aún, no puede haberla", dicho en términos generales, debido a las mismas problemáticas que el paciente acusa en su sufrimiento. Es importante seguir el hilo del interrogante, que plantea la posibilidad (o no) del paciente, de hacer surgir (emerger) su energía vital (libido, la transferencia), en el inicio de un tratamiento para su propio bienestar. Como se adelantó, hay en principio una imposibilidad, prerrequisito del sufrimiento y malestar, entonces por qué sería la excepción la sesión terapéutica (puede sostenerse como interrogante). En cierto modo, de hecho esa posibilidad existente, es cualitativa y cuantitativamente mensurable y relativa a cada individuo.
    En el fondo -como todas las personas- teniendo en cuenta la problemática específica que presente cada uno como puntapié, el sufrimiento en primera y última instancia tiene que ver con el amor (con el amar). Y esas mismas dificultades y potencialidades con respecto a ese acto, son las que se ponen en juego a fin de cuentas en sus propias sesiones, en su propio espacio terapéutico.
    Erich Fromm vuelve a plantear algo de lo más destacable: "Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar"; para la necedad y la ceguera, el alcance de esta frase, será tan solo una frase más, o algo sobreentendido. Y se obviará que aquí es donde se encuentra el nudo gordiano, el quid de la cuestión. Continúa diciendo, la gente cree que amar es sencillo y lo difícil es encontrar la persona apropiada. El problema del amor no está en un objeto sino más bien en la facultad. Es decir no en la cosa, sino en la capacidad de amar, en el hecho puesto en ejercicio constante, en el acto de amar y no en el blanco al cual apunto, salvo que el objetivo sea el amor en sí (el amar).
    El amor, entonces, sería una facultad de hacer funcionar la cosa. Solo aquellas personas que realmente tengan en su carácter y estructura psíquica, la posibilidad potencial de transferir en el espacio terapéutico su propia energía vital, y así desprenderla de su propio narcisismo (yo) sin derrumbarse, serán aquellas que puedan hacer funcionar su propio espacio de cura.
    Jung afirma: "La resistencia al amor engendra la incapacidad de amar, o esa incapacidad actúa como obstáculo. Al igual que la libido se asemeja a una corriente constante que hace desembocar su agua en el mundo de la realidad, la resistencia se asemeja a una contracorriente que en vez de fluir hacia la desembocadura fluye hacia la fuente". La libido sería esa energía biopsicológica vital que puede desembocar no solo en el proceso terapéutico, sino en todo lo que conlleva dar de sí mismo en la realidad, es decir, en el trabajo, en el estudio, el deporte, el arte, y también en lo afectivo, sentimental, y en el propio acto sexual, etc. Entonces, todo lo que se oponga a ello (interna o externamente), se presenta como un obstáculo que trae aparejado sufrimiento, angustia, odio, enfermedad. Esa energía libidinal, si causa problemas es porque queda lo suficientemente enclaustrada en el cuerpo y en la psiquis. "Fluye hacia la fuente", quiere decir en parte que, vuelve de dónde proviene o de dónde nunca a podido partir esa energía, lisa y llanamente de la persona, no puede esa energía liberarse y ponerse al servicio de producir en la realidad, se confina en el cuerpo, transformada en angustia, en odio, en fantasías, mora en los oscuros contenidos inconscientes, prima la neurosis, el sufrimiento. Si profundizamos por esta vía de reflexión, hablar de fuente es hablar también de origen. No sería sencillamente hablar de la propia persona (en tanto carácter, mentalidad, personalidad o cuerpo), sino que la fuente y el origen es una alusión al desarrollo ontogénico de esa persona, al propio desarrollo de su ser, y esto pone de relieve al ser como engendrado, por alguien. Es necesario recordar que, estamos hablando del amor, del amar.
    En resumen, la capacidad del paciente para sobrellevar adecuadamente el proceso que inicia, es fundamental, ese acto potencial de amar, de transferir, esa economía libidinal, plasticidad de su capacidad estructural de investir objetos, cosas, actividades, personas, es de importancia necesaria. Como instancia a priori, para que la persona pueda ser consecuente con su propio espacio terapéutico, hacerlo funcionar (y hacer funcionar al fin y al cabo su propia vida). Lo que significa, a su vez, disolver los conflictos inconscientes (lo no sabido) que encapsulan y fijan esa energía que no está ligada a instancias de vida saludable sino a huellas regresivas del desarrollo. Los conflictos internos como los externos, procuran obstáculos que imposibilitan el acto de amar (como facultad vital caracterológica y del cuerpo) conforme a la realidad. Lo que conlleva como se ha dicho, sufrimiento, angustia, odio, los propios síntomas y malestares de las diversas enfermedades psicobiológicas. 
    El amor y la verdad curan.



"El que ama, se hace humilde. Aquellos que aman, por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo". Sigmund Freud.




Lo inconsciente como lazo invisible transgeneracional

    La psicogenealogía es creada a partir de la psicología clínica, y se basa en el psicoanálisis aplicado a los vínculos transgeneracionales. Toda familia tiene una historia, una novela, un mito, en la cual el individuo tiene sus raíces, sus orígenes y va creando conjuntamente su propio mito personal conforme a la historia del clan familiar al cual pertenece. Es decir, se va heredando parte de la historia familiar. El enfoque transgeneracional, es la apertura a la búsqueda de la historia familiar en su verdadero contexto, poniendo de relieve secretos, verdades, acontecimientos y situaciones vividas por los ancestros (familiares de generaciones anteriores). Y dado que, varias son las circunstancias que obstaculizan e imposibilitan resolver o tramitar de manera adecuada, se hace perentorio encontrar y relacionar, estos sucesos -no tramitados, olvidados y todavía existentes (inconscientemente)- con las consecuencias que afectan a la descendencia del propio linaje.

    Anne Ancelin Schützenberger afirma que, la perspectiva de trabajo transgeneracional sería "descubrir de dónde venimos, encontrar quiénes somos y qué hemos heredado (o sea, la identidad)". O como Gauguin escribió en su famosa pintura: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?

    Si bien desde el psicoanálisis es necesario tener en cuenta las relaciones intrapsíquicas, instancias como el yo, el ello y el superyó, desde el enfoque transgeneracional también es importante tener en cuenta, el aspecto interno del nivel interpersonal que se establece entre los miembros de la familia. Existen transmisiones intergeneracionales que son de alguna manera conscientes, o por lo menos pensadas y habladas entre abuelos, padres e hijos: dentro de las que se encuentran los hábitos familiares, maneras de ser o comportarse, habilidades ligadas a un oficio, una profesión, etc. También se encuentran las transmisiones transgeneracionales, serían más bien inconscientes, aquellas no se dicen. Son secretos familiares, no-dichos, cosas silenciadas, ocultas, a veces prohibidas incluso al pensamiento ("impensadas").

    A partir de los síntomas, traumatismos, enfermedades, inscripciones somáticas o psicosomáticas, repeticiones, accidentes, yerros, estancamiento en la vida, tristeza desconcertante, fragilidad emocional en períodos particulares: es posible dar cuenta de aquello que no ha podido hablarse, resolverse, pensarse, simbolizarse, que no han podido "digerir" antaño los ancestros, reaparece en el presente de modo fantasmático, vivo e inentendible y extraño, en el sufrimiento encriptado del sujeto. "Como si un acontecimiento de vida no se pudiera olvidar y tampoco pudiera hablarse de él, pero tuviera que ser transmitido sin decirlo" (Anne Ancelin Schützenberger).

    Desenmascarar aniversarios (Joséphine Hilgard) o el síndrome de aniversario, significa poder ir simbolizando lo inconsciente del clan familiar que se manifiesta en sucesivas repeticiones de acontecimientos importantes, fijándose en fechas o edades. Se ponen en juego brotes psicóticos, pérdida parental, repetición de accidentes, casamientos, abortos naturales, muertes, enfermedades, embarazos, a lo largo de varias generaciones. Expresión del inconsciente transgeneracional, familiar y social. Tal funcionamiento del síndrome de aniversario se explica por las lealtades invisibles (Boszormenyi-Nagy), lazos inconscientes a miembros del clan familiar (pariente o cónyuge), obligaciones invisibles a ideologías, rasgos y costumbres culturales o étnicas, fidelidad a un aspecto socioeconómico de clase; mecanismo vincular regulado secundariamente por sentimientos de culpabilidad. Aquellas problemáticas sufrientes, repetitivas e inconscientes, según la perspectiva transgeneracional provienen de un no-dicho que se ha transformado en secreto.

    En resumen, la psicogenealogía abre la posibilidad de enfrentarse a los secretos familiares, a lo no-dicho. Es el desafío heroico del mito personal para liberarse del yugo de lo no hablado, de lo mal enterrado que pulula en el presente, queriendo todavía hacerse oír o ver en la paradoja del ocultarse, pujando subterráneamente. Y en definitiva, reivindicar el legado familiar, manteniendo lo conveniente y saludable, poniendo de relieve lo honorable, aceptando y no negando aquellos errores o dramas no resueltos, aquellas "faltas", y así vivir con una identidad de mayor libertad y elección sobre el propio destino.

    Por último, es importante destacar la propia afirmación de Anne Ancelin Schützenberger, «la psicogenealogía se inscribe en el curso/transcurso o como complemento de una psicoterapia a largo plazo. Pero no debe utilizarse como una panacea, aunque pueda iluminar el camino y resolver muchos problemas en un corto período de tiempo».



CONTACTO

Psicólogo Psicoanalista Juan Franco Bottazzi (Nº Mat. 7895) 0341-153116111 - Lunes a Viernes  de 8 - 20hs ROSARIO, SANTA FE. ARGENTINA.