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Inhibiciones sexuales


El acto sexual y la desactivación del sistema de alerta

    Las inhibiciones sexuales masculinas y femeninas —manifiestas clínicamente en la impotencia, la eyaculación precoz, la frigidez y la anorgasmia— parecen requerir una comprensión transversal, desde una perspectiva biológica hasta un psicoanálisis dispuesto a ir un poco más allá. Para iniciar este recorrido, resulta pertinente una cita del médico obstetra Michel Odent:

    «Cuando nuestro neocórtex pasa a un estado de reposo, nuestro ser mamífero básico se puede expresar con mucha más libertad».

    Si el individuo se encuentra verdaderamente tranquilo en su fuero interno, cabría esperar que la fisiología se desenvuelva sin bloqueos y que el acto sexual pueda desarrollarse con fluidez. El acto sexual, al igual que el nacimiento, sería un proceso biológicamente gobernado por las estructuras más antiguas del cerebro (el sistema límbico y el tronco cerebral). El neocórtex, la corteza cerebral humana encargada del pensamiento lógico, el lenguaje, el juicio y la autocrítica, actúa como un auto-observador. Cuando hay preocupación, la mente tiende a volverse hiperactiva, la instancia de autoobservación neocortical enciende alarmas: hay estrés.

    Las parejas difícilmente pueden hacer adecuadamente el amor en situaciones que amenacen su seguridad. La cópula sexual parecería requerir la desactivación del sistema de alerta, para una consecuente entrega a la vulnerabilidad. En este punto exacto se abre un abanico de situaciones subjetivas, ya que en el ser humano la referencia de "peligro" no está dada únicamente por factores reales o fácticos.

    Nuestra especie presenta una compleja capacidad de imaginación: el cerebro tendería a no distinguir entre un depredador real que invade la habitación y una preocupación abstracta recreada en la mente. Tanto la amenaza real como la imaginada o recordada podrían disparar la misma respuesta neurofisiológica de alarma.

    Además, esta imaginación se encuentra vinculada a la función de la memoria. El aparato psíquico puede, de manera involuntaria, traer al recuerdo situaciones perturbadoras que han permanecido latentes, propias de la biografía del sujeto o incluso de algo más amplio, su linaje familiar. Mediante la imaginación y el recuerdo, el trauma tiende a recrearse en el presente, disponiendo al cuerpo a defenderse contra esa situación imaginada como si estuviera ocurriendo aquí y ahora. Puede suceder, así, que situaciones del presente se vinculen (se asocien) inconscientemente a aquellas que antaño fueron motivo de conflicto.

Miedo, memorias de reproducción y territorio

    Desde una lectura más cercana a la interpretación simbólica de la función biológica de los órganos —presente en autores como Erich Corbera, Rafael Marañon, Ángeles Wolder Helling, etc.— el conflicto sintomático en el aparato reproductor podría ser testigo de un miedo arcaico, vinculado con la función de reproducción; y también con una amenaza latente a la supervivencia del individuo y de su descendencia.

    En este punto, el acto sexual se vería envuelto en conflicto, relacionado por un lado con la función de reproducción y por otro con algo que refiere a lo vincular, lo relacional, más precisamente al territorio. Cabría pensar que en ambos casos pueden operar memorias personales, del clan familiar o ancestrales.
    
    Huellas de memorias que se relacionen con traumas uterinos como muertes en el parto, hijos fallecidos prematuramente o abortos traumáticos podrían condensarse en una lógica del tipo: «Si no hay sexo, no hay embarazo; si no hay embarazo, salvamos la vida». Desde esta perspectiva, podría pensarse la impotencia sexual, entre otras lecturas posibles, como un mecanismo anticonceptivo biológico. En relación con el territorio, lo que puede activarse serían memorias sobre experiencias de vulnerabilidad en el entorno o en el vínculo, relacionadas específicamente con el acto sexual: huellas de experiencias sexuales tempranas en espacios inseguros —donde por ejemplo existía el riesgo de ser descubiertos—: «Puede entrar cualquiera a la habitación, estoy expuesto».

    El individuo en situación de estrés activa el sistema nervioso simpático disponiendo al organismo para huir o luchar, un estado donde la adrenalina orienta el sistema circulatorio hacia la acción de ataque, defensa o huida; ya no hacia la relajación que requiere la entrega al servicio del acto sexual.

    Si la eyaculación precoz puede leerse como una respuesta del tipo hagámoslo rápido antes de que llegue el depredador, la impotencia podría entenderse como una cancelación directa del acto para evitar la exposición al peligro.

Del amor al miedo a ser destruido

    Dando un giro en la perspectiva, el psicoanalista Erich Fromm en El arte de amar plantea de manera contundente:

    «El amor no es el resultado de la satisfacción sexual adecuada, sino que la felicidad sexual —e incluso el conocimiento de la llamada técnica sexual— es el resultado del amor. [...] El estudio de los problemas sexuales más frecuentes —la frigidez en las mujeres y las formas más o menos graves de impotencia psíquica en los hombres— demuestra que la causa no radica en la falta de conocimiento de la técnica correcta, sino en las inhibiciones que hacen imposible amar».
    
    Lo significativo de esta cita sería la inversión de lo que comúnmente se supone: si no hay sexo, se debilita la pareja. Fromm propone, por el contrario, que las problemáticas del amor tendrán como consecuencia probable las dificultades eróticas. El síntoma "sexual" operaría como indicio de una problemática vincular. En muchas ocasiones, el acto sexual —desvinculado del afecto— carga las tintas sobre el rendimiento, como si fuese una competencia o un ideal cultural donde habría que estar a la altura de ciertos parámetros imaginarios.

    En esa competencia puede sumársele el sentimiento de inferioridad respecto a la pareja, una amenaza que transforma el encuentro en algo semejante a un examen. El hombre o la mujer ya no se volcarían a la entrega genuina y al placer, sino a la presión de "rendir bien". Y aquí el cuerpo podría prepararse nuevamente con respuestas de estrés, bloqueando la respuesta fisiológica de un coito adecuado.

    El amor requiere madurez. En muchas ocasiones, la dificultad parece estar en la búsqueda del quiero ser amado/a. Nos encontraríamos entonces ante una dificultad vincular, ante pretensiones que acercan a necesidades más propias de períodos infantiles: quiero que me amen incondicionalmente y sin riesgo de exposición. Alejarse de lo propiamente infantil requeriría un acto de coraje: amar exige la actividad del cuidado, la responsabilidad y la vulnerabilidad. Cuando hay miedo a amar, podría leerse como miedo a desarmarse, como si la entrega implicara perder el control yoico; una vulnerabilidad percibida como una inminente invasión al propio territorio, lo cual el cuerpo traduce en peligro, inhibiendo la acción en el plano sexual, consecuencias de las imposibilidades de un amar libre y maduro.

Inhibiciones sexuales y actos prohibidos

    Cuando el proceso terapéutico posibilita indagar en estratos más profundos de la psique, puede descubrirse la existencia de fantasías o complejos infantiles. Esta referencia está dada por la frecuente idealización de la pareja y encuentrar que, el partenaire sexual está inconscientemente identificado con alguno de los progenitores, donde resaltan proyecciones de rasgos edípicos latentes.

    Al revestir a la pareja con la investidura de la madre, el padre, o un hermano o hermana, el sistema psíquico podría disparar de inmediato alarmas prohibitivas: el tabú del incesto. Esta prohibición parecería ir más allá de una restricción moral individual; se pondrían en juego cuestiones prohibitivas a nivel filogenético.

    Las figuras parentales son los primeros modelos de amor que todo ser humano puede tener, necesariamente ligados a períodos infantiles. Si esos modos de amor no fueron superados del todo, o si han quedado marcas lo suficientemente significativas como para que esos patrones continúen apareciendo en la vida adulta, la proximidad simbólica con la figura materna o paterna podría activar la inhibición sexual como un freno ante la consumación de lo que el psiquismo registra como un acto prohibido.

Colaboración erótica y primacía genital

    El psicoanálisis entiende que el desarrollo sexual del individuo alcanza su madurez cuando el establecimiento de la primacía genital reemplaza los autoerotismos de las zonas erógenas y los impulsos eróticos pregenitales. Los estadios superados continuarían existiendo, aunque en calidad de «placer preliminar» (Ferenczi).

    Sándor Ferenczi, en Thalassa, entre otras cosas, despliega una hipótesis ensayística sobre las inhibiciones sexuales, desarrollada a través del concepto de anfimixia: combinación, fusión y síntesis de los erotismos anal y uretral, en un erotismo genital.

    Las inervaciones y tendencias de las zonas erógenas pregenitales —principalmente la uretral y la anal— que se desarrollan durante la infancia se combinarían en una síntesis mayor: la primacía genital.

    La zona uretral presentaría una inervación primaria con predisposición a la eyección, mientras que la zona anal mostraría una tendencia principal hacia la retención. Cada zona presenta, en primera instancia, una función opuesta a la otra.

    Para el correcto establecimiento de la función genital, sería necesario una colaboración armónica entre ambas inervaciones primarias: la síntesis genital, podría beneficiarse con la capacidad de retención propia del erotismo anal —necesaria para que no haya descarga prematura— como de la tendencia expulsiva característica del erotismo uretral, indispensable para la consumación del acto sexual.

    Afirma Ferenczi que 'la distinción de las impotencias en tipo anal y tipo uretral' —como llama respectivamente a la impotencia y la eyaculación precoz— sería un producto secundario de la especulación; lo importante es que ambas modalidades muestran el camino sobre el cual 'el móvil psíquico subyacente obligaba al síntoma a manifestarse de un modo regresivo'. Ese móvil psíquico, entre otros, podría entenderse como aquel miedo arcaico o conflicto relacional que impacta en el individuo; allí, la anfimixia se desorganiza. En la eyaculación precoz, la uretra parecería fracasar en incorporar la inervación de retención anal —el estrés del entorno precipitaría la evacuación: hagámoslo rápido, el depredador está cerca. En la impotencia propiamente dicha, la tendencia a la inervación de retención llegaría a adquirir un predominio excesivo, dificultando integrar la inervación uretral, necesaria para consumar el acto: mejor no lo hagamos, el enemigo está cerca

Pongámonos a salvo

    El aparato reproductor sería, en este caso, uno más entre los posibles escenarios donde el conflicto encuentra expresión sintomática: miedos arcaicos a nivel biológico, problemáticas del amor y del desarrollo psicosexual individual.

    Expresarse sintomáticamente a través del cuerpo suele terminar siendo la solución a la cual el organismo recurre para tramitar conflictos que no encuentran otras alternativas. Allí donde no se sabe qué ocurre, el cuerpo se expresa como enfermedad o solución, ante la imposibilidad de que ocurra otra cosa. Hubo un peligro... algo lo recuerda... lo actualiza... y el organismo responde: hagámoslo rápido o no lo hagamos. Pongamos a salvo nuestra vida.






Bibliografía

  • Fromm, E. El arte de amar.
  • Odent, M. Las funciones de los orgasmos.
  • Ferenczi, S. Sexo y psicoanálisis.
  • Ferenczi, S. Thalassa.
  • Corbera, E. Tratado de biodescodificación.
  • Angeles Wolder Helling - El arte de escuchar el cuerpo.



Problemáticas y Síntomas (II)

 Problemáticas y Síntomas (II)

    El sufrimiento no puede ser simplificado ni reducido exclusivamente a una única problemática o síntoma, ni tampoco a un único significado o causa. Sería mejor hablar de multicausalidad, multideterminación. La necesidad de asignar un nombre a nuestras experiencias, es importante en la medida de que la búsqueda no conlleve la obturación del encuentro con las causas. La “etiqueta” sola, reduce la posibilidad de una comprensión abarcativa. El hecho de ir nombrando es lo que se presenta como saludable, y no la reducción al nombre, palabra, idea, concepto o imagen.
    Desde una perspectiva psicológica que fomente la exploración profunda de la psiquis, se muestra como: el cuerpo, emociones, imágenes, pensamientos, pasado, expectativas, presente, espiritualidad, el alma, grupos, individualidad, lo colectivo, naturaleza, trabajo, familia, infancia, romances, despedidas, lo repetitivo, lo incomprensible, imperdonable, inevitable, lo económico, la sexualidad, enfermedades, llantos, cambios abruptos, muerte, limitaciones, inconmensurabilidad, injusticias, enojo, desdicha, y otros aspectos, se entrelazan en nuestra experiencia. Como seres humanos formamos parte de un complejo, entramado social, cultural, una civilización.
    La consulta psicológica, una psicoterapia, requiere cierto grado de disposición y tolerancia a la incertidumbre, la vida misma lo requiere (contrarrestando la certeza de la inmediatez). El paciente debe poder aprender a tolerar el encuentro con el desconocimiento (la ignorancia, no-ciencia, lo no sabido, el no saber), aceptarlo como condición previa para acceder a un “saber” consciente.
"Yo no busco, encuentro", Pablo Picasso.

«Lo que la oruga llama el fin, el resto del mundo le llama mariposa». 
 -Lao Tzu-






Perspectiva Psicoterapéutica

Psicólogo Psicoanalista Juan Franco Bottazzi (3413116111)

Información del Profesional: hacia una Transformación Profunda.
    Se ofrece un enfoque terapéutico centrado en tres perspectivas principales que abren las puertas a una propuesta de transformación profunda.

1. Psicoanálisis:
      Desde este enfoque de trabajo se exploran los procesos inconscientes, utilizando la asociación libre y la interpretación de los sueños como vía regia para el acceso a ese "saber no sabido", a esa "otra escena". Lo que opera por fuera de la conciencia, que permanece desconocido, "extranjero", extraño y que no ha sido integrado, actúa en la cotidianeidad como "fuerzas del destino" en los infortunios de la vida. Tomar consciencia de aquello que está en las sombras (desconocido para el yo), la responsabilidad e implicancia, que requiere una dirección saludable y más libre de la propia vida, sería consecuente con ese margen de entendimiento de aquello que nos afecta.
2. Psicoanálisis Transgeneracional:
      El psicoanálisis transgeneracional, es una perspectiva que examina cómo las experiencias familiares se transmiten a lo largo de las generaciones. Se centra en cómo las experiencias y traumas familiares pueden transmitirse a lo largo de generaciones, influyendo silenciosa e inadvertidamente en la vida presente de los individuos. Lo que pasa en una generación y no puede resolverse por lo doloroso que fuere, se calla, se silencia; eso traumático se transmite de una generación a otra, como si quisiera develarse, y paradójicamente mantenerse velado (a la consciencia). Los síntomas, los traumas, las enfermedades, muchas veces esconden y encapsulan aquellos sucesos reprimidos y no tramitados por los ancestros.
3. Psicología Transpersonal:
   La perspectiva de psicología transpersonal, contempla la posibilidad de explorar vivencias espirituales, trascendentes y la conexión con aspectos más amplios de la experiencia humana. Se aborda la búsqueda de significado, la conexión de sentido, y la integración de estados no ordinarios de conciencia. La identidad va más allá del yo individual y la experiencia humana puede comprenderse mejor al considerar aspectos más amplios de la existencia. La psicología transpersonal busca explorar dimensiones más allá del yo individual, reconociendo la importancia de aspectos espirituales y trascendentales en el desarrollo del ser humano.




Lo que resistes, persiste

 

   Lo que resistes, persiste

    La psicología es la ciencia de la conciencia y de sus datos; es, también, la ciencia del inconsciente, pero sólo en segundo lugar, pues el inconsciente no es directamente asequible” (Jung). Para acceder a lo inconsciente, hay que hacer algo extra. Por un lado, entre ambas instancias hay diferencia, es decir, no son lo mismo, o más bien la cualidad del contenido no es la misma. Por otro, existiría un grado de continuidad entre ambos sistemas.
    Uno de los objetivos terapéuticos sería hacer consciente aquello que permanece en las sombras -lo inconsciente-. Freud al afirmar “todo lo que perturba el progreso del trabajo terapéutico es una resistencia”, señala que este proceso no es sin inconvenientes, ya que implica sortear obstáculos y dificultades; "sustitutos todos" de resistir al cambio, y continuar manteniendo la zona de confort. Cambiar, desarrollarse, crecer, madurar, transformarse personalmente implica tolerar la renuncia a posiciones subjetivas (que ya no sirven). Una realidad que, según Lacan, no se experimenta sin cierto grado de angustia.
    Es importante mencionar que la resistencia, en muchas ocasiones, se manifiesta de manera inconsciente: surge desde el Yo, escapando al reconocimiento directo del paciente. El Yo, sin saberlo, obstaculiza el acceso a lo inconsciente. Y profundizando aún más en esto último, podemos afirmar que, la raíz de toda resistencia se entrelaza a la compleja trama biológica del ser humano, y se amalgama con su carácter. Podemos concebir la resistencia como un proceso psicobiológico inconsciente.




Algunos fundamentos

 Algunos fundamentos


    El psicoanálisis constituye una herramienta psicoterapéutica fundamental, un punto de partida clave, para avanzar en la comprensión profunda de los aspectos del alma (psique). Y no caer en el intento, en un derrotero propio de la imagineria mental.  El psicoanálisis es psicología profunda.

      Esa misma causa, posibilita considerar el imposible planteado por Lacan, destacando que el psicoanálisis -y cualquier otra práctica seria- no se limita a la vía intelectual o académico-pedagógica. Para comprender el psicoanálisis, es necesario experimentarlo a través de un análisis personal con un profesional que, haya atravesado su propia experiencia terapéutica y elaborado en principio aspectos de su narcisismo.

       Refiriéndonos a Freud, su obra clínico-teórica e investigativa sigue siendo relevante para abordar problemáticas contemporáneas como ansiedad, fobias, angustias, miedos, pensamientos recurrentes, trastornos alimenticios, entre otros. A pesar de las diferencias en los modismos de expresión de las psicopatologías, entre los siglos XIX y XX. La obra de Freud continúa siendo un recurso válido para comprender las complejidades humanas en contextos diversos. Realizar una terapia psicoanalítica conlleva considerar las fases evolutivas del desarrollo psicosexual. Éstas constituyen un complejo psicológico de jerarquías.    

    La comunicación espontánea natural (o asociación libre) es un aspecto importante en la terapia psicoanalítica, en relación a otro concepto también significativo, lresistencia. Vencer las resistencias, atravesarlas, se convierte en avance.

    Sigmund Freud destacó por su habilidad para observar y escuchar más allá de lo evidente, cuestionando las prácticas médicas de su tiempo. Y a su vez, incorporó e integró diversos conocimientos científicos, creando un método de trabajo que evolucione con el tiempo.  En resumen, el movimiento psicoanalítico que se gestaba, sus fundamentos en la obra freudiana, el aporte de sus colegas, alumnos (o discípulos), y el desarrollo de la psicología posterior, brindan herramientas para la construcción de una cosmovisión (Weltanschauung) integral. 

 


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