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¡Escucha tú, pequeño ego!

 

    Bosquejo: Escucha tú pequeño ego. Que dices NO a la guerra mientras en el fondo la incitas. Te pones en bandos, sean de fútbol, agrupaciones políticas o paises, dices amar a tus colores y aborreces los opuestos, eso no es amor, es fanatismo. 

    Escucha tú, pequeño ego que intentas controlar y manipular a tu pareja porque no puedes solo o porque sientes angustia de la soledad. Te enojas si tienes que hacer un esfuerzo para alcanzar algo, y te quejas por no poder conseguirlo. Si lo consigues festejas tus triunfos como si fueses tan pequeño como lo eres. Tú, ego, eres eso que no puede verse así mismo, porque no puede haber un otro que te haga dar cuenta de que hay algo más allá. Si por alguna circunstancia, ocurre algo que en tu hipócrita inocencia viene a hacerte correr el velo, ahí es cuando lloras. Ahi es cuando te angustias, y ni siquiera es realmente angustia, es un drama causado por el malestar que sientes, y lloras. 

    Lloras porque tú pequeño, no puedes sentir malestar, no lo toleras. Toleras la queja constante de sentirte mal, eso sí toleras, andas siempre con pequeñeces porque no quieres conocer lo grande. Tú pides herramientas para la gratificación, pides ayuda para cambiar y en verdad estás queríendo seguir gratificandote o buscando aún más gratificación. Dices que quieres disfrutar y ni siquiera sabes cómo es que disfrutas, y ni eres consciente de lo que es disfrutar, sólo afirmas "sí yo se cómo se disfruta", claro que lo sabes, vives de eso.

    Defiendes tu bandera y odias al que está en frente, y hablas del bien, del amor. Pero no eres capaz de darte cuenta de qué estas hecho verdaderamente, tú pequeño ego no te dedicas a eso. Tú pequeño ego te dedicas a fabricar hipocresias, ilusiones, pequeñas cosas. No quieres sentirte incómodo, no quieres llorar, no quieres sentir malestar, y si lo haces es porque disfrutas, eso sí sabes hacerlo. 

    Sabes presumir todo lo que puedes poseer, belleza, inteligencia, objetos, poder, fama, dinero, cualidades de tu personalidad, habilidades, incluso personas o animales, eso sí que sabes hacerlo bien, presumir. Y sabes muy bien negar de lo que te acusan, acusando a otros, no olvides que la hipocresía sí es lo tuyo. 

    Tú pequeño ego tienes grandes problemas, pides soluciones rápidas para que no se interrumpa tu disfrute y no quieres hacer nada para cambiar, ni siquera para entender lo que pasa. Eres perezoso para escuchar, para leer y prestar atención, si lo haces es para sacar provecho. Entender qué es lo que pasa te parece aburrido y deprimente, no quieres sentirte mal, huyes de la angustia, asique decides negar la realidad o seguir guardando las cosas debajo de la alfombra. Hasta que un día estallas por una crisis, y pides ayuda porque quieres seguir disfrutando, no porque quieras saber. 

    Quieres presumir tus habilidades en el deporte, en las conquistas. Todo es conquista, disputa y competencia para vos, pretendes conquistar una pareja, una habilidad, un trofeo o una medalla, o pretendes conquistar cualquier objetivo, incluso un país o la gobernación de una provincia, ciudad o municipio. Sino manipulas intentas controlar para salirte con la tuya, así evitar a toda costa la angustia. 

    Pequeño ego si pudieses leer estas palabras no estaría escribiendote, escribo porque no es a vos a quien va dirigido esto, más bien si quisiera que leas algo, deberia ser muy hábil para no herirte, ya que eres muy susceptible y reaccionario, a su vez eso es puro drama, porque eres bastante duro por cierto. Pequeño ego, la raíz de tu modo de comportarte está en algo mucho más grande de lo que tú eres, y es en el miedo que tienes, allí está la causa, el porqué te comportas tan esquivo. En el fondo eres cobarde, vanidoso y presumido. Y sientes verguenza de eso, te ruborizas si tienes que hablar de algo serio que te comprometa, o prefieres reirte como un desquisiado. Tampoco sabes muy bien lo que es la seriedad, te pones solemne como cuando ingresas a tu templo, y sales y haces con la izquierda lo que no sabes hacer con la derecha. 

    No sabes de autoridad sabes de golpes, confundes la palabra recta con los gritos, la delicadeza con mojigateria y seducción, y transgiversas la flexibilidad en charlatanería. Tú pequeño, lo unico que quieres es el disfrute, trabajas para disfrutar, vacacionas para disfrutar, te alimentas y bebes para disfrutar, si es algo que no es inmediato lo sufres para disfrutar más adelante, no puedes entender cómo irías a hacer algo para no disfrutar. 

    Todo lo que buscas es por el disfrute, persigues el placer y la inmediatez, eres un gran tirano pequeño ego, esclavizas a propios y ajenos con tus berrinches. Quieres el control, más bebida, más comida, más tecnología, más dinero, más casas, más autos, más actividades, siempre quieres más, y todo aquello que se oponga a tus caprichos será enemigo.

    Tú pequeño ego quieres viajar todo el año, quieres recorrer el mundo, y te sientes grande. Te sientes grande cuando estás cerca de recorrer otros mundos, una conquista más, un trofeo, otra medalla en puerta, "he conquistado la luna" te dices orgulloso, y quieres más. Tus berrinches también son guarradas contra el planeta creyendo de antemano que es tu propiedad, es el que habitas hoy y ayer, el mismo que destruyes.



Escrito en honor a Wilhelm Reich, específicamente a la conmemoración de su ensayo "Escucha tú, pequeño hombrecito".




La manifestación de la psique

 


Por su puesto,

todos soñamos por regla general varias veces cada noche,

aunque luego no nos acordemos.

En nuestros sueños,

habitamos mundos luminosos que no hemos creado a conciencia,

y algunas personas viven en ellos cosas muy intensas”.

Rupert Sheldrake.



¿Cuánta luz ha de ingresar por la ventana?

Si aquella luz sería metáfora de epifanía...no sería incorrecto de todos modos, aquella mesura necesaria, que puede uno llegar a representarse en cuanto a un oso devora empalagado la miel de un panal de abejas.

El velo se correrá pues si el frío de las habitaciones lo amerita, y se ajustará si el calor ya se ha adentrado lo suficiente. Si aquella luz revela mí ser...es decir, si aquella luz se revela, ya no habrá diferencia. Una luz ha de ser la que habita cada ventana, solo una.


La manifestación de la mente, el alma y la conciencia

    Si bien en la historia del desarrollo del conocimiento científico – y en particular en el marco de la ciencia cognitiva- se han estudiado las llamadas funciones cognitivas superiores, es decir, aquellas facultades del cerebro humano, tales como la lógica, el razonamiento, el lenguaje y la capacidad cognitiva de organizar el espacio y el tiempo, entre otras, las posibilidades del ser humano no se agotan en lo puramente racional y lógico. Desde tiempos remotos, y en diversas culturas, el ser humano ha manifestado la capacidad de vivenciar experiencias -llamadas en diversos ámbitos- "trascendentes".

    Michel Odent afirma que "el acceso a la trascendencia implica de entrada una reducción de la actividad del neocórtex". El neocórtex, considerado la capa más reciente en la evolución del cerebro, colabora con las funciones cognitivas superiores. Odent señala que ciertas actividades pueden facilitar experiencias trascendentes: el orgasmo sexual, la creación de obras artísticas (pintura, música, poesía, baile, canto), así como el "chamanismo, el trance hipnótico, la plegaria, la meditación, el ayuno y las drogas psicodélicas", entre otras prácticas culturales y espirituales.

    El ser humano parece capaz de generar estados emocionales o vivenciales intensos, asociados con modificaciones en el funcionamiento de las redes neuronales de la actividad cortical. Con frecuencia se registra una disminución de la actividad en algunas redes del neocórtex, así como también otras zonas cerebrales reorganizan su funcionamiento.

    Quizás en vez de entrar en detalle sobre anatomía y funcionamiento del cerebro, lo importante sea apreciar que las experiencias ordinarias de la realidad se presentan principalmente en un orden físico-material, mientras que lo trascendente posee una impronta susceptible de desprenderse del mundo de la materia.

    La "trascendencia" es un concepto algo más familiar para las filosofías de oriente que para las tradiciones de occidente. En esta última, la interpretación de la naturaleza de la realidad estuvo, durante gran parte de su historia, más arraigada a una concepción inmanente de la naturaleza: la realidad entendida como algo dado, objetivo y material. Los fundamentos epistemológicos de dicha perspectiva materialista se apoyan en las facultades racionales y lógicas del pensamiento.

    Antes del aporte de la teoría de la relatividad a la ciencia moderna, los conceptos de tiempo y espacio en occidente estaban ligados a una concepción naturalista afín a un estado ordinario de conciencia, concepción que luego se reveló limitada para describir la realidad de la experiencia. En cambio, como señala Fritjof Capra, los místicos orientales relacionan las nociones de espacio y tiempo con estados particulares de conciencia, a los que acceden al ir más allá del estado ordinario mediante la meditación.

    Es decir que, los místicos orientales por ejemplo, a través de la meditación accedían a estados no ordinarios de conciencia, ya intuían -previo al desarrollo de la física moderna en occidente- el tiempo y el espacio como categorías creadas por la mente, y no únicamente inherentes a la naturaleza. Como señala Fritjof Capra, “Los sabios orientales hablan también de una ampliación de su experiencia del mundo en estados de conciencia más elevados, y afirman que estos estados contienen una experiencia del tiempo y del espacio radicalmente diferente. No sólo afirman que en la meditación van más allá del espacio tridimensional ordinario, sino también -e incluso con más fuerza- que trascienden la conciencia ordinaria del tiempo. En lugar de una sucesión lineal de instantes, experimentan -según dicen- un presente infinito, eterno y, sin embargo, dinámico”.

    Estas experiencias trascendentales vinculadas a diversas prácticas promueven modificaciones en la actividad cerebral. Sin embargo, su vivencia no se limita a lo estrictamente material del cerebro. Abre a un horizonte simbólico, cultural y espiritual de la existencia, reafirmando una dimensión esencial del ser humano que, en gran medida, ha sido olvidada y desacreditada.

    Sería crucial considerar para estas experiencias la importancia del set y setting. Se trata, básicamente, de la intención que se tiene, los objetivos internos, así como el sostén que brinda el entorno, incluyendo la idoneidad y preparación mental de quien acompaña.

    Inclusive en una práctica de meditación que no requiera de un acompañante, es necesaria cierta preparación. Puede incluir un ”para qué”, como mínimo disponer de un lugar tranquilo donde poder concentrarse en silencio, o incluso compenetrarse con música evocativa.

    En definitiva, el contexto interpersonal e intrapersonal es parte constitutiva de la experiencia.

    Estas experiencias no solo proporcionan cambios físicos y químicos en el cerebro, sino que también se deja entrever un ir más allá de lo estrictamente material, lo que podría describirse como el estadio trascendental de la vivencia.

    Como señala Grof, “Existe un amplio conjunto de parámetros no farmacológicos a los que nos referimos como set y setting. […] El término set incluye las expectativas, motivaciones e intenciones del sujeto”. Este set también abarca aspectos del terapeuta, guía o facilitador, como su concepción sobre la experiencia y los objetivos acordados previamente, así como también “la preparación y programación, y la técnica del guía u orientación específica utilizada durante la experiencia”.

    Por su parte, “el término setting se refiere al contexto o ambiente, tanto físico como interpersonal y a las circunstancias concretas” bajo las cuales se lleva a cabo la experiencia.

    En definitiva, el set y setting no son elementos accesorios, sino condiciones esenciales que moldean la apertura hacia lo trascendental.

    Desde que las neurociencias han podido computar y registrar los resultados de la actividad cerebral en expertos en meditación, se ha podido comprobar la diferencia hemodinámica del funcionamiento del cerebro cuando dicha actividad es practicada de manera intensiva. Sin embargo, la ciencia no logra corroborar los acontecimientos conscientes que ocurren, más allá de la verificación de los cambios físicos y químicos; las manifestaciones materiales, no abarcan la totalidad de la experiencia vivenciada en la meditación ni en otras actividades trascendentes. Como recuerda Rupert Sheldrake “El uso tradicional de drogas psicoactivas en ceremonias indígenas no tiene que ver precisamente con “viajes”, sino con la iniciación, sanación o toma de decisiones relativas a la tribu. […] El factor curativo en las ceremonias psicodélicas no es atribuible al mero efecto químico de la droga usada”. En definitiva, las experiencias trascendentales no se reducen al funcionamiento cerebral ni a la sustancia físico-química de los psicodélicos: las experiencias trascendentales, como indica la palabra, no pueden limitarse a una concepción de la existencia humana reducible a una perspectiva materialista, sino que revela su carácter integral, físico y espiritual.

    Max Planck lo expresa con claridad: “La ciencia es incapaz de resolver el misterio último de la naturaleza. Y ello se debe, en un último análisis, a que nosotros mismos formamos parte de la naturaleza, y por tanto del misterio que estamos intentando resolver” [Ken Wilber].

    Esta cita permite ampliar y complejizar el modo de conocer, abriendo la posibilidad de un interrogante sobre la naturaleza de la realidad: ¿Quién o qué intelige -entiende, conoce- a lo observado y al observador?

    David Bohm sostiene que nuestras creencias son como una especie de rendijas por las cuales observamos la vida, los objetos, nuestras emociones y nuestros pensamientos, citando a Krishnamurti afirma: “El observador es lo observado”.

    Esta paradoja, muestra la imposibilidad de separar sujeto y objeto, algo que no puede resolverse dentro del marco estrictamente materialista. Cuando se observan los pensamientos o las emociones, se genera una influencia recíproca entre ambos: cuando uno se transforma en observador el otro en observado y visceversa, influyéndose mutuamente dando lugar a bucles que no llegan a cerrarse por completo.

    Así vuelve a emerger la pregunta: ¿Quién o qué intelige (entiende, conoce) a lo observado y al observador? El interrogante permanece abierto, y es precisamente lo que permite insinuar la conciencia como unidad irreductible.

    El místico Sadhguru lo expresa de un modo elegante: En el momento en que te identificas con la naturaleza física el tiempo es un factor importante. Si te disocias de la naturaleza física...si te sientas aquí y tienes un poco de espacio entre tú y tu cuerpo físico...de repente, el tiempo no es un factor. Esta intuición señala lo que se puede llamar conciencia, como unidad por encima de lo individual, una experiencia trascendental más allá del tiempo y el espacio.

    Si la conciencia es esa unidad irreductible, más allá del tiempo y el espacio, entonces se abren posibilidades extraordinarias para el devenir de la humanidad, y para la comprensión de la realidad misma. Pero mejor quizás sea dejar abierta la ventana al misterio, donde la luz del interrogante sea aquel calor que continúe cobijando al conocimiento: ¿Quién o qué intelige a lo observado y al observador?



Bibliografía

  • David Bohm - “Sobre el diálogo”

  • David Eagleman con Sadhguru Jaggi Vasudev (Entrevista).

  • Fritjof Capra – "El tao de la física"

  • Ken Wilber - “Cuestiones cuánticas”

  • Michel Odent – "Las funciones de los orgasmos"

  • Rupert Sheldrake – "Caminos para ir más allá"

  • Rupert Sheldrake – "La ciencia y las prácticas espirituales"

  • Stanislav Grof – "Psicoterapia con LSD"




CONTACTO

Psicólogo Psicoanalista Juan Franco Bottazzi (Nº Mat. 7895) 0341-153116111 - Lunes a Viernes  de 8 - 20hs ROSARIO, SANTA FE. ARGENTINA.