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Desgarradura del Yo

 

«En lo alto del cielo he buscado la fuente
de la predestinación, el Paraíso y el Infierno.
Habló entonces mi maestro y dijo: “Amigo,
los hados, el Paraíso y el Infierno
solo existen dentro de ti”».

Omar Khayyam. Citado en
Problemáticas y métodos del psicoanálisis,
Sándor Ferenczi.



Escisión del Yo, series complementarias y transgeneracional



Series complementarias

    Entre 1916 y 1917, Sigmund Freud enuncia en la conferencia Los caminos para la formación de síntomas un esquema donde ubicar los caminos —valga la redundancia— que llevan en sí las huellas de la enfermedad. Es lo que llama series complementarias.

    En resumidas cuentas, por un lado está el vivenciar traumático de la vida adulta, y por otro, la predisposición. Esta última se ramifica a su vez en dos series más: vivenciar infantil (fijación de la libido) y vivenciar prehistórico. En esta conferencia, Freud también va a trabajar, entre otras cosas, tres conceptos importantes: fantasías primordiales o protofantasías, realidad psíquica y factor cuantitativo.

    Entonces, podríamos decir que, para la aparición de una enfermedad en la vida de una persona, no solamente se encuentran los acontecimientos desencadenantes a lo largo de su vida adulta —situaciones estresantes y traumáticas, movilizadoras, dolorosas, inasimilables— También existe una predisposición a enfermar, una labilidad proveniente de la vida infantil producto de la fijación de la libido en zonas erógenas particulares en el recorrido de su desarrollo; y nos encontramos también con un origen estructurante aún más arcaico, un vivenciar prehistórico, podríamos decir: “la carga del legado ancestral”.

    Siguiendo la misma línea de trabajo, Freud, en la misma conferencia, contrapone la realidad material y la realidad psíquica, asumiendo que los síntomas son figuraciones, unas veces de esta, otras veces de aquella. Aún da un paso más.

    Las protofantasías serían: castración, seducción y escena primaria, las cuales se definen como un patrimonio filogenético. Serían contenido psíquico transversal a la especie humana, que se pone a disposición en el presente; se actualiza ese contenido cuando “el individuo rebasa su vivenciar propio hacia el vivenciar de la prehistoria”. Y agrega: “el niño fantaseador no ha hecho más que llenar las lagunas de la verdad individual con una verdad prehistórica”.

    Y, por último, un factor determinante en la formación de síntomas: la condición de naturaleza cuantitativa, o lo que es llamado en la obra freudiana el punto de vista económico. Es como decir: “algo” en la historia biográfica de la persona que enferma funciona como un atractor inconsciente; también se podría decir que allí hubo o hay fijación.

    Ese “algo” debe presentar una cantidad suficiente, una magnitud energética considerable, para funcionar como factor etiológico: proveniente de la realidad material, desde la realidad psíquica, del vivenciar adulto, del vivenciar infantil o incluso del vivenciar ancestral. Y, diríamos mejor, de una mezcla de varias circunstancias.

Escisión del Yo

    Hay que introducir una noción que hará de puente para lo que vendrá más adelante. Tomando las páginas 203-206 de Esquema de psicoanálisis y el texto publicado de manera póstuma La escisión del Yo en el proceso defensivo, como indica el título de este último, se trata de una noción de ruptura de la psiquis.

    Más bien, de la desgarradura del Yo como consecuencia de una modalidad de respuesta ante la demanda metabólica que exige, en algunas circunstancias, el choque de la realidad material; o también la exigencia puede estar dada por la realidad psíquica.

    Para ser más preciso al respecto, el Yo responde con una fractura cuando hay un conflicto tal que la realidad externa y la realidad interna entran en tensión exacerbada.

    La escisión del Yo como mecanismo defensivo es una consecuencia paradójica: un modo de respuesta dual que conforma a la vez cada plano de las dos realidades, a costa de una desgarradura.

    La condición del factor cuantitativo antes mencionada, y la consecuencia de desgarramiento del Yo como proceso de respuesta defensiva ante la situación de conflicto, configuran un panorama adecuado para hablar de algo que se acerca más a un estado patológico.

    Ahora bien, Freud aborda el proceder del aparato psíquico mediante tres aspectos principales: tópico, dinámico y económico. Lo que se conoce como metapsicología.

    El factor económico está en relación con la cantidad de energía que suscitan los procesos anímicos, qué intensidad tienen. Lo dinámico sería cómo un juego de fuerzas genera el conflicto, la contraposición de intereses. Y, por último, el factor tópico, el dónde (Inconsciente, Preconsciente, Consciente – Ello, Yo, Superyó).

    La presentificación de esta desgarradura en el Yo, metapsicológicamente, ¿qué implica esta escisión?

    La escisión del Yo, como mecanismo defensivo, no solo está articulada en las psicosis, perversiones y neurosis, sino que también es un proceso que se pone en juego en un funcionamiento, de algún modo, equilibrado del aparato psíquico. Ferenczi: “según la doctrina psicoanalítica, no hay diferencia fundamental entre «normalidad» y neurosis. Sabemos por Freud que «las neurosis no poseen un contenido psíquico característico, específico y exclusivo». Y según la fórmula de Jung, la enfermedad de los neuróticos está provocada por los mismos complejos que todos afrontamos. Añadamos que la diferencia se sitúa esencialmente sobre el plano cuantitativo, práctico” (VII. “Transferencia e introyección”).

Legado ancestral

    Hay que poder hacer el ejercicio de presentificar la existencia del individuo humano perteneciente a una red compleja formada por otros individuos humanos cercanos; en este caso, particularmente, la referencia está dada por el sistema familiar. No solamente el individuo está atravesado por las complejas huellas de su vida biográfica, sino que, de algún modo u otro, no se puede escapar tan fácilmente a los influjos conscientes e inconscientes de las huellas y recovecos dejados por los ancestros de su clan.

    Hay siempre un legado, quiérase o no, una trans-misión (como si esta además fuese parte de un mecanismo más amplio propio de la especie). Es decir que habría, en principio, dos estatutos de transmisibilidad que cabría diferenciar: por un lado, un legado familiar transgeneracional; y por otro, un nivel de trans-misión filogenética, de la especie humana. Y ambas cuestiones habría que poder concebirlas más allá de la etiología patológica.

    En referencia a los primeros vínculos y a lo transmisible, en el libro La corteza y el núcleo se encuentra la siguiente cita, por lo demás bastante contundente: «el decir enterrado de un progenitor se vuelve en el niño un muerto sin sepultura. Este fantasma desconocido retorna entonces desde el inconsciente y ejerce su acoso induciendo fobias, locuras, obsesiones. Su efecto puede llegar a atravesar generaciones y determinar el destino de una genealogía».

    Con el apoyo del esquema de las series complementarias, se puede entender que las problemáticas acaecidas en la vida de un individuo no siempre radican en su origen en el desarrollo exclusivo de la vida biográfica adulta, sino que más bien suelen encontrarse fijaciones libidinales en la edad infantil, conflictos incluso perinatales o gestacionales, y más allá aún, huellas de traumas o conflictos heredados, nucleados hoy dentro del Yo.

    “El conflicto sobrevenido en el seno de una generación nunca aparece resuelto de manera transmisible en esta, sino solamente en las generaciones ulteriores”.
Nicolas Abraham.

    Pertenecen muchas veces estas problemáticas a una historia familiar oculta, negada a fuerza defensiva por el dolor incipiente de los acontecimientos. Como sintomático y patológico, aún viven aquellos secretos en los descendientes a modo fantasmático, extraños a uno mismo. Presentes y ocultos a la vez. Como si fuese una onda expansiva transversal a los individuos del clan, que se replica a través del tiempo como patrones constituyentes de un legado siempre listo para develarse y ocultarse al mismo tiempo.

    Otra frase potente de La corteza y el núcleo pone de relieve esta especie de continuidad: «el inconsciente materno está contenido en la palabra del niño según la modalidad del fantasma». El niño expresaría no solamente en palabras, sino también en su conducta, en sus gestos, en sus síntomas, de qué modo trunco está inscripto en el “psiquismo del sistema familiar” aquello que ha permanecido en el silencio de lo no simbolizado, de lo negado e incluso muchas veces de lo no pensado. Dramas dolorosos, vergonzosos e inasimilables.

    ¿Y qué posibilidad tiene un miembro del clan familiar de hacer algo con “eso”? ¿Qué es lo que se puede hacer? Quizás simplemente empezar, ni más ni menos. Empezar a saber qué es o fue “eso” puede ser un primer paso.

    Ferenczi, en Thalassa, converge con Freud en una idea fundamental: la repetición como intento de ligar lo traumático. Cuando un hecho traumático no ha podido ser metabolizado ni simbolizado, retorna de manera inconsciente bajo formas diversas —síntomas, conductas, enfermedades— como un esfuerzo fallido de tramitar aquello que no encontró sepultura digna.

    Lo que llamamos herencia, plantea Ferenczi, sería en parte la transferencia a los descendientes de esa tarea pendiente: liquidar los traumatismos que cada generación no pudo resolver. Y cada existencia individual, al vivirlos, elimina una porción de esa carga.

    Como si los miembros del clan familiar, a través de la repetición puesta en juego en síntomas, enfermedades psíquicas y orgánicas, situaciones peligrosas y riesgosas para la vida, internaciones, pérdidas de trabajo, quiebras económicas, enfermedades psicosomáticas, crisis espirituales, muertes repentinas, etc., pusieran a disposición un intento fallido de tramitar los hechos traumáticos no resueltos en generaciones anteriores.

    “Los secretos de familia son asuntos candentes. [...] Y pasan de mano en mano, cada mano quemándose en el proceso, de generación en generación. En cierto modo, crean una división de la personalidad: una parte que sabe y una parte que no quiere o no puede saber” (Anne Ancelin Schützenberger).

[...]

Apertura de cierre

    En este escrito se trazó un camino sobre la complejidad puesta en juego para la formación de ciertas problemáticas o enfermedades. Una mayor profundización y delimitación entre filogénesis y transgeneracional exceden el marco de este. Así como los conceptos de cripta y fantasma, originalmente citados en el libro de Nicolas Abraham y María Torok. Igualmente las fantasías primordiales quedan aquí como excedentes y pendientes de un desarrollo más amplio. También se mencionan: realidad material, realidad psíquica, conflictos, traumas, metapsicologíaSe ha considerado como uno de los ejes principales las series complementarias. Un segundo eje importante ha sido la escisión del Yo (como mecanismo de defensa). Y por último y no menos importante, el tercer eje como factor cuantitativo.

    Las formaciones de los síntomas exigen que se abandone la forma de pensar sobre la base de un paradigma simplista. No se trata de buscar en acontecimientos actuales ni tampoco en un pasado infantil aislado. Cada sujeto es particular en su forma de metabolizar los acontecimientos de su biografía, los años infantiles, las fijaciones, los conflictos no resueltos, la intensidad de los impactos emocionales; y, en muchos casos, es necesario trabajar con los contenidos ancestrales, con el entramado familiar secreto que todavía no ha encontrado palabras.

    Freud afirmaba: “el yo no es dueño en su propia casa”, aludiendo a la existencia de poderes y fuerzas inconscientes que influían fuertemente en la cotidianeidad a costa del interés voluntario de controlar la propia vida. La escisión del Yo muestra que no hay en el psiquismo una pureza homogénea, sino que hay hiancias, en donde, por ejemplo, se puede sostener simultáneamente un saber y, al mismo tiempo, un desconocimiento, el contenido ignorado se encapsula y se generan enfermedades u otras manifestaciones dolorosas para la vida anímica.

    Muchas veces un síntoma puede tomar expresión en el presente pero tener su origen en circunstancias propias o heredadas que no han podido ser suficientemente elaboradas. Y allí toma fuerza la repetición como mecanismo de retorno de “eso” que busca de manera insistente ser escuchado, ser visto, ser simbolizado, aunque el secreto también, en su esencia, quiera permanecer oculto.

    Entonces el desafío puede estar en la apertura —o no— de un trabajo psicoterapéutico: saber de la insistencia de la repetición e instaurar la posibilidad de situar palabras donde hubo silencio.





Bibliografía

  • Sigmund Freud - Conferencia 23, "Caminos para la formación de síntomas"

  • Sigmund Freud - "Escisión del Yo como mecanismo de defensa"

  • Sigmund Freud - "Esquema del Psicoanálisis"

  • Sándor Ferenczi - "Problemáticas y métodos del psicoanálisis"

  • Sándor Ferenczi - "Transferencia e Introyección"

  • Sándor Ferenczi - "Thalassa"

  • Sándor Ferenczi - "La introyección en la neurosis"

  • Nicolas Abraham y María Torok - "La corteza y el núcleo"

  • Anne Ancelin Schützenberger - "Genealogía"










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